martes, 30 de diciembre de 2008

(des)Prestigio del llanto

No todos los días se debe llorar, pero si las lágrimas vertidas huelen a lavanda y ese olor acaba fijándose en la niñez del protagonista, está más que justificado que este detalle, unido a la admiración del padre -distante y sobrecogedor, como casi todos-, sirva de arranque para una novela que contiene infinitas variables: la culpa, la soledad elegida, el desconocimiento del otro, el miedo al compromiso, ... todo ello unido bajo un paraguas narrativo al que, al menos a nosotros, no nos tenía acostumbrados un afamado autor que parecía definitivamente circunscrito al género de la novela negra.

Zapatos italianos, de Henning Mankell, es una sólida novela moral, donde nada se resuelve en este plano. Deberá ser el lector el que acabe odiando -o comprendiendo-, al antihéroe que representa Fredrik Welin, médico desengañado que ha decidido huir de la vida tras un fuerte fracaso profesional. Tras doce años de aislamiento, aparece Harriet en su retiro-isla, una antigua amante que viene a exigirle una promesa hecha en su lejana juventud, irrumpiendo en la vida del personaje un universo femenino con el que ya no contaba, y que lo empujará a expiar la culpa que le corroe.

Las paginas del libro se devoran con avidez, a pesar de la linealidad de las historias que nos va desentrañando: un perro que conduce hasta su dueña, un cartero surrealista que hace de paciente en los lugares más insólitos, niñas rebeldes, a un paso de la delincuencia más feroz, y que no son sino el resultado de los conflictos bélicos que asolan medio mundo, a excepción, claro está, del occidental. Un libro que, en cualquier caso, nos devuelve la creencia en la literatura no militante, y que apuesta por la sugerencia de los valores tradicionales -amor, familia, amistad, compromiso-, que siempre deben ser cultivados y aceptados libremente, pero nunca impuestos.
CG / Pepe Amodeo

Zapatos italianos

Henning Mankell, Tusquets Editores

sábado, 27 de diciembre de 2008

Calle Archeros

Uno de nosotros dos vino al mundo en esta calle. Ahora, unos meses después de que saliera la primera edición de Lienzos de Cal, de María Sanz, descubro en el contenido del poemario que hay uno dedicado a este espacio de silencios solemnes y de umbrosas soledades.

Una vez más mi reconocimento hacia MS, por haber volcado en sus poemas la identidad de unos ámbitos en los que nos reconocemos los que fuimos doblemente expulsados, allá por los años cincuenta, de la niñez y de la Sevilla intramuros.

Ahora, libres de la penitencia que el destino ciego tejió para nosotros, el trabajo está de nuestra parte. Recuperar la infancia ya perdida es imposible, pero vivir intramuros, aunque sea en sueños, está al alcance de un cerrar los ojos, y proyectar nuestras sombras sobre los lienzos de cal de Agua, Mármoles, Abades, Imperial, Cruces...

Sigo pensando que los que leemos a la MS que de manera permanente nos devuelve gratísimos Gozos sin Fondo y ese particular Ayre Triste, subtítulos de la obra, le debemos algo. No sé lo que es, pero desde luego para saldar la deuda se necesita algo más que pagar el discreto precio de este libro.

Pepe Amodeo / CG

ARCHEROS

En mayo se prendían
furtivos arreboles
al raso de la tarde.

Mi ensoñación trazaba
un recodo durmiente
desde aceras umbrosas,
quedándose el vacío
más despierto que nunca,
a tono
con lo mágico.

Un cauce de ventanas,
de geranios colgantes,
daba suelta a su rito
vesperal y sereno.

Mientras, la tarde antigua
doblaba por mis ojos.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Ponga un pobre en su mesa

Año 1961. Berlanga y Rafael Azcona ruedan en Barcelona la película Plácido, ese escozor nacional sobre la caridad oficial que tuvo muchos años de vigencia. Pepe Amodeo y yo hemos estado hablando acerca de este asunto, y hemos concluído que el lema de nuestra particular Navidad será "Ponga un RICO en su mesa". No hay más que escuchar a Botín, a Bush, a Srauss-Kahn ..., para saber que estamos ante un verdadero caso de necesidad universal. Yo estaría dispuesto a pujar lo que fuera para poder invitar a alguno de ellos a mi mesa una de estas noches. ¡Están tan necesitados los... ricos!

Pepe Amodeo / CG

domingo, 19 de octubre de 2008

Poema de una tarde

He aquí un préstamo poético de Antonio Mesa, el autor de Piedra Del Aire, del que ya dimos cumplida cuenta el pasado diciembre. Aquí no cabe hablar de satisfación, sino de felicidad, y Pepe Amodeo y yo compartimos cierta duda sobre si este poema requiere -obligatoriamente-, del soporte gráfico que la acompaña, como aquellos poemas ilustrados de Alberti o de Joan Brossa.

Un beso -sonoro, claro- y un abrazo -tierno, tiernísimo-, para Pablo.

CG


Pablo

Pablo tarde.
Pablo comenaranjas.
Pablo cara-raras.
Pablo juega al aire de la risa
de su cara.
Pablo juega-gata en la música
que le canta.
Pablo risa-tarde en el juego
de las horas
que se duermen.

Antonio Mesa.

Octubre, 2008

viernes, 26 de septiembre de 2008

El Incidente que pudo cambiar la historia del mundo

Hoy se cumplen 25 años de un episodio que pudo haber cambiado la historia del mundo. Se trata del conocido como Incidente del Equinoccio de Otoño. Este pequeña historia, protagonizada por Stanislav Petrov, tuvo lugar el 26 de septiembre de 1983 y no fue divulgada por las autoridades soviéticas hasta bien entrado 1998, en que fue dada a conocer a la opinión pública.

Un cambio de turno con un compañero, una falsa alarma causada por unos reflejos de la luz del sol en las nubes, y una más que razonable duda sobre unos imaginarios misiles y la certeza sobre cómo la potencia enemiga (EE. UU, obviamente), comenzaría una hipotética guerra atómica, determinaron que este oficial del búnker Serpukhov-15 tomara una iniciativa que salvó al mundo. No obstante, le costó su carrera y vivir oscuramente el resto de sus días, aunque parece que se han puesto en marcha algunos proyectos internacionales destinados a concederle el reconocimiento que este anónimo héroe merece.

El azar, esta vez, estuvo del lado de la mayoría y evitó un episodio de consecuencias universales y de sufrimientos sin límite.

Para acceder a testimonios sonoros sobre el llamado Incidente del Equinoccio de Otoño, pulsar aquí.

Pepe Amodeo/CG

domingo, 21 de septiembre de 2008

La historia de las cosas

Acabo de conocer el vídeo de La Historia de las Cosas, de Annie Leonard. Tanto a Pepe Amodeo como a mí nos ha parecido de una claridad ejemplar, muy en la línea de las obras, salvando las distancias, de lo que se hace en la narrativa norteamerica: escasas palabras, concisión y exactitud. Incluimos aquí el vídeo, de algo más de veinte minutos, con la sola intención de favorecer su divulgación y generar discusión y polémica.



Para leer el texto íntegro, en inglés, pulsar aquí.

CG/Pepe Amodeo

martes, 17 de junio de 2008

El gesto de la Muerte

Dedicado a Jose, buen esposo y mejor padre.

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde-, sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

Este microrrelato es común atriburlo a Jean Cocteau, y su traducción a Jorge Luis Borges. Si lo traigo aquí es porque la muerte, esa inefable certeza que a cada momento ignoramos, ha estado rondando el lecho de MC. Ahora parece que se aleja, que vuelve a tener ocupación buscando al consabido jardinero de Ispahan, es decir, a cualquiera, a todos ...

CG

domingo, 8 de junio de 2008

Cruce de caminos

Abro el correo que comparto con CG -he renunciado a tener mi propia dirección de correo-, y cometo la indiscreción de leer una nota que le envía un señor, al que llamaremos sólo LM, que solicita la dirección de este experimento que lleva mi nombre, Pepe Amodeo. Soy malicioso y sigo leyendo algo que no me pertenece. Por cierto, antes, cuando una misiva iba en soporte papel, sólo había un ejemplar de lo escrito, y a pesar de ello, no quedaba claro a quién pertenecía la misma, si al que la había escrito o al destinatario. Ahora, lo escrito se multiplica en forma exponencial y puede aparecer en las mismas manos en que antes acababan los libelos: en las de los censores (ahora controlan hasta el Google, y, por ejemplo, la palabra buscada en China no devuelve los mismos resultados que cuando se busca en Alemania), o en las del editor que las esparce en forma de libro, es decir, propiciando y permitiendo su difusión, antes en papel y ahora virtual. Así que le concedo a mis ojos la licencia para seguir curioseando sobre algo que no me pertenece: obvio lo malsano que pueda haber en ello y lo justifico con que le estoy echando una mano al alienado CG, perdido en un laberinto profesional que él mismo sabe que no tiene futuro.

Entre otras cosas, este señor LM le presenta su propio blog, La mirada del hombre, un cuaderno de bitácora de clara intencionalidad poética. Espero convencer a CG para que lo incorporemos a nuestra lista de Imperdibles, además de añadirlo a la lista de favoritos del explorer.

El título de este post, Cruce de caminos, se debe una simplificación figurativa que me permito darle a toda una amplia lista de sinónimos que me parecen menos apropiados: entre LM y CG es probable que hayan existido coincidencias biográficas, orígenes comunes, ... y que acaso hayan compartido alegrías y contrariedades en un mismo tiempo y entorno... ¿Y que son los cruces de caminos, sino espacios donde temporalmente concurren hechos, personas, ... convocados por el cruel espíritu de lo efímero?

Esta vez no voy a consultar a CG sobre lo redactado: tengo la clara intuición que es el post que él mismo hubiera escrito para saludar a LM y darle la bienvenida a estas inmensas y desproporcionadas avenidas que propicia la web, en las que, sin embargo, se siguen produciendo, aunque de manera ocasional, cruces de caminos.


Pepe Amodeo

lunes, 28 de abril de 2008

Marías, académico

Había leído la segunda entrega de Tu rostro mañana, Baile y sueño, y me había hecho la promesa de volverla a leer cuando tuviera los otros dos volúmenes. A punto de acabar la relectura, me entero del nombramiento del joven Marías -en palabras de Francisco Rico-, como académico de la Lengua. Así que ayer domingo todo fue estar pendiente del autor: fiebre, lanza, baile, sueño, veneno y sombra ...

Pulsar aquí para aceder al discurso de toma de posesión de su cargo, ocupando el sillón R de la RAE.

CG

domingo, 6 de abril de 2008

Rolando después de Rolando

Ayer sábado fue clausurada la exposición Rolando después de Rolando, que la galería Birimbao ha mantenido abierta desde el pasado 22 de Febrero. A estas alturas no caben lamentos sobre lo tardío de volcar aquí la noticia, pero si lo hago es porque, cuando menos, debo dejar aquí dos agradecimientos: el primero a Santos Morales, que promovió la visita a la galería antes del cierre. El segundo va dirigido a Miguel Romero, el gerente y propietario -creo-, de Birimbao, el cual tuvo el detalle de mostrarnos su trastienda y de algunos de sus fondos, al tiempo que nos obsequió con sendos catálogos de Rolando: el que nos ocupa y otro fechado en 1996, cuando Miguel dirigía la galería Ventana Abierta.

Para mi es grato añadir también un link a la página oficial de Rolando Campos, alojada en Wordpress. De dicha página obtengo el vínculo directo al texto en pdf La(s) mirada(s) de Rolando, escrito por Mercedes Espiau Eizaguirre, texto que pertenece al catálogo de la exposición antológica que la Diputación de Sevilla realizó durnate el mes de abril del pasado año (ver aquí).

Los que nos consideramos admiradores de la obra de RC continuaremos alentado iniciativas como las de Birimbao, y así volver a tener contacto directo con el legado de este excepcional artista.

CG

(En la ilustración Dos jóvenes, 1997)

domingo, 23 de marzo de 2008

María Sanz en la red

Hacía algún tiempo que no preguntaba a la red por María Sanz, por sus novedades y críticas... En el mes de Abril de 2007, recién estrenado este blog, hice una breve reseña de la presentación de su antología, Luna de Capricornio. He de decir que asistí al acto con cierta cautela, dado que soy persona reservada y poco inclinada a frecuentar cenáculos, sean literarios o no. Finalmente fue una decisión acertada, porque, como dije, la presentación fue sencilla y elegante. En ella pudimos oír a la autora decir sus poemas, lo que a mi parecer convirtió a los asistentes en una suerte de privilegiados: no siempre el ritmo y el sentido profundo de lo contenido en la página de un libro -grafismos y caracteres-, pueden percibirse acompañados del sonido y de la musicalidad que representa oír la voz de la propia poeta, tal y como sucedió aquella memorable tarde.

No sé si esta aportación ayudará en algo a difundir la poesía de MS, pero reconozco que mi deseo de hacerlo supera a la posible utilidad del intento. Si Biruté Ciplijauskaité para desmenuzar el yo femenino en la poesía utilizó los poemas de MS, los que la leemos con entrega, y desinterés, que por lo que veo en la red ya empezamos a ser un número importante, bien podemos subjetivar, con los debidos respetos, el significado –explicito casi siempre-, de sus versos.

De modo que con la aparición de la antología pudimos volver a constatar cómo en su obra se han ido construyendo diversos itinerarios. Así, apreciamos una serie de incursiones en el acontecer histórico con Los aparecidos, en contrapunto a la conciencia de la propia diferencia que representa Tu lumbre ajena; luego llega un juego de alternancias en Tiempo de vuelo sostenido –voz de razón poética en sincronía con el objeto filosófico-, en cierta manera opuesta a Voz mediante, escorzo directo de las últimas percepciones de la escritora, que se sabe protagonista de sus desafíos.

Pero volvamos a la presencia de MS en la red, objeto final de este post: cuando ya las páginas de la cátedra de Miguel Delibes y la Biblioteca Digital del Instituto Cervantes llevan algunos años albergando parte de su obra y los artículos de blogs empiezan a proliferar de una manera significativa, nos encontramos con que ya es posible encontrar la voz María Sanz en la Wikipedia. Para los que somos partidarios de esta nueva forma de conocimiento no nos queda sino alegrarnos y saludar este hecho. A partir de esta inclusión, y admitidas las críticas razonables hacia este medio de difusión del conocimiento (pero sólo las bien intencionadas, que a las malas se las ve venir de lejos), podremos ver crecer de una manera más que fiable las referencias sobre futuras –y esperadas-, publicaciones de la poeta sevillana. Desde esta discreta y casi anónima esquina, creemos que es justo que vaya quedando constancia, donde proceda, que María Sanz no es aspirante a nada, sino titular de número en la poesía contemporánea por méritos demostrados.

Tanto si tienen alguna duda como si están de acuerdo con lo anterior, pasen y lean.

Sitios oficiales:

http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Mar%C3%ADa_Sanz&oldid=15697323

http://www.catedramdelibes.com/archivos/000055.html

http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/sanz/autor.shtml

http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/sanz/videos.shtml

http://cvc.cervantes.es/obref/aih/pdf/10/aih_10_3_034.pdf

Otras webs y blogs:

http://poeticas.es/?p=464

http://www.andalucia.cc/viva/mujer/antologia/MARia_SANZ.pdf

http://www.guillermourbizu.com/search?q=mar%C3%ADa+sanz+luna+capricornio&x=6&y=11

http://encuentrosconlasletras.blogspot.com/2007_04_01_archive.html#4708793696946819602

http://pintandoversoslibro.blogspot.com/2007/10/mara-sanz-volviendo-durero-y-sevilla.html

http://pintandoversoslibro.blogspot.com/2007/10/luna-de-capricornio-maria-sanz.html

http://unarmacargadadefuturo.blogspot.com/2007/11/alborada-mara-sanz.html

CG / Pepe Amodeo

sábado, 22 de marzo de 2008

Día Mundial de la Poesía

Ayer fue el Día Mundial de la Poesía, una inicativa de la Unesco que viene eligiendo la fecha del 21 de Marzo. Para acceder pulsar sobre el logo.

Otra iniciativa loable, este vez bloguera: Haz rodar una poesía.

Hacemos una invitación a visitar tanto el blog que promovió la idea como la dirección donde se alberga el pdf con el libro creado. Todo ello al más puro estilo bookcrossing: está permitido pegar, copiar, linkar ... Objetivo: difundir los poemas incluidos en el libro, que son una especie de celebración de la poesía misma.

http://www.girapoema.blogspot.com/

http://girapoema.googlepages.com/Girapoemaentero.pdf

CG / Pepe Amodeo

jueves, 20 de marzo de 2008

La primavera

Así se nos muestra Google hoy, 20 de Marzo, primer día de primavera:

Mucho más amarga y soñadora es la visión que daba Antonio Machado de esta época del año:

La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil...

Yo vi en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

—recordé—, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

Hoy, en mitad de la vida,

me he parado a meditar...

¡Juventud nunca vivida,

quién te volviera a soñar!

Finalmente recomiendo esta crítica de un libro, en el que Rachel Carson analiza el impacto del DDT en nuestro entorno.

http://www.historiasdelaciencia.com/?p=302

CG

sábado, 12 de enero de 2008

Ha pasado un Ángel

Ángel González (Oviedo, 1925) ha muerto hoy en una clínica madrileña.
Sus poesías, llenas de intimismo y de vida, están divulgadas por la red. Aquí algunos links que facilitarán su acceso:

Tomo prestados dos poemas suyos: El otoño se acerca, y Para que yo me llame Ángel González.
Descanse en paz


PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...
CG






lunes, 7 de enero de 2008

Joan Margarit

Aquellos que hayan visualizado mi perfil saben que tengo dos referentes en poesía: María Sanz y Joan Margarit ... Tan distintos, tan lejanos en posiciones vitales, tan callados los dos, ambos tan poco amigos de la estridencia. De la primera ya he dado alguna cuenta aquí y tengo la intención de continuar dándole cabida en estas páginas. Del segundo diré que lo último suyo que acabo de descubrir está en la red. Tomo prestado uno de sus poemas, manuscrito, aparecido en la revista El coloquio de los perros, en un monográfico dedicado a JM.

Con un número de esta categoría lo mejor que hace uno es leerlo. Y recomendarlo. Que les aproveche.

CG

domingo, 23 de diciembre de 2007

Acaso cómplices de nada


… En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos.

Las ciudades y la memoria. 2
Italo Calvino.
Del libro Las ciudades invisibles
Primera edición:
Editorial Einaudi, Turín. 1972


Me tocó el antebrazo con su mano por primera y única vez, y lo hizo de una manera tan delicada que aún recuerdo el tacto de sus dedos. Sin soltarme, me convenció el tono aliado de su voz, cuando acercó su rostro a mi oído y susurró:

-Sal tú .…, por favor sube tú ...., lo miras, descubres el truco y luego me lo cuentas.

Creo que se llamaba Paula y era Navidad.

-oOo-

Hasta el exiguo y triste solar que existía junto al mercado de nuestro barrio habían llegado unas cuantas atracciones que en vano trataban, como cada diciembre, de configurarse como una pequeña feria, luchando contra las inclemencias del tiempo, el incómodo barro que producían las obligadas lluvias y la indiferencia de unos parroquianos ensimismados en su ordinaria y gris existencia. Solamente una de aquellas barracas logró atraer a un número notable de personas. Sobre todo los más jóvenes quedamos rápidamente intrigados por su novedad, así que cada tarde corríamos a contemplar aquel espectáculo que se llamaba -lo recuerdo bien-, El hombre invisible.

En la puerta del teatro de barrio, de fachada decorada con atrevidas y groseras pinturas que trataban imposiblemente de recrear un ambiente arábigo, un actor, vestido con ropas que pretendían evocar lujos orientales, llamaba la atención comiendo fuego subido sobre un pedestal. Y lo hacía realmente bien. Es decir, cogía uno o dos hisopos ardiendo y se los llevaba a la boca. Luego lanzaba bocanadas de fuego hasta que éste se extinguía, comenzando de nuevo. El actor interrumpía su trabajo requerido por otro de aspecto solemne -cosas de barrio, siempre supimos que era su padre-, vestido con chaqué y portando en la mano un bastón negro con el pomo blanco. Con un hábil gesto le marcaba el fin de la actuación y lo introducía dentro de la caseta, donde no comería fuego, sino que se volvería invisible. Justamente como suena: invisible.

Me llevé varios días asistiendo a aquellas sesiones, preámbulo del verdadero espectáculo que tenía lugar dentro. No recuerdo bien qué debió de ocurrir para que yo dispusiera del dinero que me permitiera adquirir una localidad y así poder presenciar aquella representación, pero lo cierto es que me vi saliendo a la calle en busca de amigos con los que acudir a la velada. Bendita inutilidad. No pude encontrar a ninguno de ellos y sin embargo apareció Paula, la dulce Paula: varios meses viviendo en nuestro barrio y no era sino la inaccesible Paula, la Paula distante a nuestros torpes intentos de acercarnos a ella y a nuestras pesadas bromas de adolescentes despistados. Quedé sorprendido que no dudara en venirse conmigo apenas le indiqué adónde me dirigía, pero así ocurrió.

Los siguientes recuerdos se ubican ya en el interior de la escueta barraca de feria que pretendía ser teatro. El pavimento era la tierra húmeda bien batida, no había asientos y la decoración la conformaban los paneles limpios. Nos deslizamos hacia delante para situamos cerca del escenario. El insólito comefuegos, vestido como un príncipe árabe de opereta, era entrevistado por el presentador del espectáculo. Con voz inflada dijo que era un mago que tenía poderes y que podía transformarse en un ser invisible cuando él quisiese. Entonces se sentó en un singular sillón, única pieza que presidía la escena, y un sinfín de luces parpadearon sobre él. En ese preciso instante desapareció, aunque seguimos oyendo su voz a través de los altavoces. Luego, acompañado de otro efecto de luz, volvimos a verle sobre el escenario. Con mucha solemnidad reiteró que sus poderes eran infinitos y dirigiéndose al público dijo que podía hacer invisible a cualquiera que se prestara. Noté la mano de Paula. Sentí un irracional temor, pero la voz de ella y el calor de su mano sobre mi brazo actuaron de sedante. Una vez que adelanté mi paso, ya no fue posible volverse atrás.

Antes de subir al escenario alguien me colocó unas gafas de sol y me indicó que no debía quitármelas bajo ningún concepto. De repente, sentado sobre el sillón del escenario, cayó una intensa oscuridad sobre mí y veía a los espectadores como si los observara por medio de una pequeña y redonda lente. Tuve que contestar a algunas preguntas que el falso príncipe, micrófono en mano, me hacía respecto a algunos espectadores para demostrar que, invisible para ellos, yo seguía allí. La sesión terminó con mi reaparición. Todo fue muy rápido, así que, obviamente, no pude descubrir en qué consistía la treta.

De vuelta a casa, apenas unos cientos de metros, me preocupé pensando en que decepcionaría a Paula dado que no había sido capaz de descifrar el enigma de la demostración. Pero ocurrió todo lo contrario. Acaso el intento fallido de dilucidar el misterio nos hizo cómplices y las conversaciones entre nosotros, desde aquel momento, crecieron en número. Recuerdo que buscábamos inocentes pretextos para vernos: comprar un cuaderno de dudosa necesidad, solucionar un problema de matemáticas resuelto de antemano, comentar una película que ninguno de los dos habíamos visto .…

Un día, Paula -pero, ¿realmente se llamaba así?-, desapareció. Se marchó tan lentamente como pausada fue su irrupción en el barrio. Nuestros encuentros se fueron alargando hasta que dejaron de existir. Con ella se marchó mi forma de vivir estas fechas: jamás desde entonces me ha vuelto a conmover un villancico de la misma manera a como entonces me emocionaba, ni el sabor del turrón me ha vuelto a parecer sublime. Al desaparecer ella, todo aquello sí que se volvió, de manera sorprendente, invisible. Teníamos catorce años y nunca nos tocamos la mano ni, mucho menos, nos robamos un beso.

Hoy es Navidad; reflejo esta historia porque en este día, cada año desde hace no sé cuantos, rememoro aquellos instantes extraordinarios. Así que también hoy, hoy más que nunca, me gustaría saber qué le habrá deparado la vida al simulado príncipe árabe y a su padre, qué habrá sido del teatro portátil, cuantas ilusiones como la mía pudieron originarse dentro de aquellas humildes tablas .… Pero lo que de veras me gustaría sería contemplar el rostro que hoy será maduro y, porqué no, bello y sereno, de aquella chica que un día me tocó por primera y única vez el brazo para susurrarme, como estrenando una flamante complicidad:

-Sal tú ...., por favor sube tú ...., lo miras, descubres el truco y luego me lo cuentas.

Pepe Amodeo

Este relato se terminó de escribir el 14 de diciembre de 1999, día de San Juan de la Cruz, en Gines, Sevilla.

Lena


Un cuento de Navidad


Dedicado a Maria del Rosario E. P., Charo, asesinada en Barcelona, en un cajero de La Caixa el 16 de Diciembre de 2005.


.… Lena, que se me ha ido, se ha ido, coño, y hace frío, joder, si me he dado cuenta es porque hace frío, y eso que aquí no entra ese rollo de aire helado que ahora mismo zumba y hace moverse las copas de los árboles, pero es que estos cartones no bastan para aislarse uno del frío, y eso que son gordos, que se pueden ver, de los mejores, un embalaje de frigorífico enterito, sin romper, ya digo, enterito... pero cuando he metido la mano para tocarla, porque no me llegaba su calor, su calor protector, como aquel título de libro tan cursi decía del cielo, me he encontrado que no estaba, y hasta que amanezca, que ya falta poco... pues no hay nada que hacer, pero es que no va haber nada que hacer de ninguna manera... que no, que estaba muy rara estos últimos días, y no sé porqué, bueno si lo sé, que es que ya no podía seguir junto a mí, que esta libertad ya se le quedaba corta conmigo... coño, que esto no es vida, que quizá el campo, que es lo suyo... y lo mío, ¡no te jode!, porque a ver, nos vamos al campo, bien, y una vez allí, ¿de que vivimos?... si yo no estoy ya para nada... ni para darme la vuelta, que ahora mismo me estoy presionando mucho la pústula de la ingle, y la de la cadera... y tengo que girarme, y que me duele todo... venga tío, no seas quejica... ...ya... vamos... ahooooora, ya, ya, sitúate mejor, eso es... ahora... porque no es que Lena me ayudara, pero era otra cosa, su respiración, el saberla ahí, otra cosa, otra cosa, otra cosa... debió de ser cuando el tío aquel, el perfumado, que es que son la leche, que te ven durmiendo y todo y ni por esas, me entran ganas de poner en la puerta un cartel diciendo no entren hombre en su último año de vida, ¿digo una mentira?, pues no digo mentira, porque no va ser mañana, pero éste es mi último año, mi último... pues en ese momento debió ser, y el tío nada, a por dinero, en silencio, todavía tengo que agradecerle que no dijera alguna grosería, que es que hay cada mierda por ahí que te mueres, asfixiados de letras y machacados por otros jefes tan gilipollas como ellos... pero es que yo estaba como siempre en esa hora, viviendo cosas de esa manera que no sabes si es que esas cosas, las cosas que pasan a tu alrededor, las cosas que ya casi no ves, están ocurriendo de verdad o las estás soñando, y yo escuchando el bip-bip-bip del cajero... no me podía mover, y sentí removerse a Lena, incorporarse, pero es que a ella no le duelen los huesos como a mí y se levanta, se estira, se acuesta otra vez, oye y sigue durmiendo tan pancha y tan caliente al momento... no me explico, si me explico, que esto es muy estrecho y que ya no está, ¿no?, pues eso, que se ha ido... alguien, otro alguien que quiere entrar, de reojo le he visto aparcar el coche, trae la música puesta y alta, muy alta... éste entra y deja la puerta abierta, que por la mañana me lo hacen todos... y todas... ¿lo ves?, a morirme de frío... ¡carajo!, ese tío no se da cuenta que estoy aquí?... ¿qué huele aquí dentro?, ¡pues claro que huele!... espera, eso... eso... eso... ¡jodeeerr!... esa es la pavana, la pavana de fauré, hasta a Lena le gustaba... y no digamos a... jamás, no pienses, tío, no pienses en ella, dijiste que no ibas a pensar en ella, método, eso es, disciplina... ajá, ya se ha ido, no le diré imbécil, porque lo de la música ha sido mejor regalo que si nos hubiese puesto una moneda en el platillo, nos ha traído unos segundos la pavana, ¡gabriel fauré, compa, la pavana!... ¿he dicho nos?, en singular, ahora es en singular, estoy solo, solo, solo, solo, pero es lo natural, ¿no?... esto lo elegí yo mismo... al fin y al cabo cuando salí hace tres años, ella atravesó como una flecha los dos kilómetros de la urbanización, para venirse conmigo, que me dio una alegría inmensa, y lo que me ha ayudado... en todo, yo y Lena, Lena y yo, Lena... Lena, Lena... las simpatías que despierta, tiene una elegancia desbordada, ni los años conmigo, la mala vida conmigo, que hay que decir las cosas como son, lo arrastrada que la he tenido, pues... vuelve... el tío de la pavana en la radio vuelve... ¿qué ha dicho ese tío?... ¿feliz qué?, ¡será feliz mierda!... feliz, feliz, feliz... te lo has ganado: eres un estúpido... que sí, que ya lo sé, que ahora vas a dejar ahí un billete, que hoy es el día que te toca tranquilizar tu conciencia y yo te lo he puesto a huevo, para que te vayas ahora en tu coche, con tu mujer, o con quiencoñosea, escuchando la pavana y hagas nosecuantos kilómetros para verte con gente al mediodía, familiares a los que no puedes ver... que te estoy haciendo señas con la cabeza, que me dejes, que me olvides, tío... que has tenido la desgracia de recordarme que hoy es el día, ¿ves?, ahora empieza a dolerme el pecho, y ya tengo las lágrimas ahí... que hijoputa... feliz, feliz... feliz leche, que ahora no puedo dejar de pensar en... que no lo digo, que al menos voy a intentar olvidar su nombre, que ya la estoy imaginando hoy, guapísima, con las piernas enfundadas en las medias negras, la falda ajustada, con el vaso en la mano, sentada en el sofá con la piernas cruzadas, y que pierdo yo si imagino que cuando esté así este mediodía, disfrutando de mis hi... ¡calla!, ¡que no, ni pensarlo, que no lo digas!... eso, eso, que pierdo yo si en ese momento suena el teléfono y alguien le dice que tiene a Lena, alguien que ha mirado dentro de la capsulita que cuelga de su cuello, y allí está el número al que hay que llamar, que siempre me preocupé de mantener el papelito intacto, y el dinero de la gratificación... ya me tranquilizo, eso, eso va a ocurrir, que Lena tiene tan buen porte, y en este barrio hay tantos cajeros automáticos que hasta puedo elegir uno caliente, es un decir, para pasar la noche... y puede que la vea algún niño, o alguien que tenga un gesto de decencia, y llame, llame al teléfono, llame... medio país no es nada, con la de transportes que hay, así que mañana, o pasado mañana, mañana... ¿ves?, ya se me está quitando el dolor del pecho... ahora es el absceso del brazo... vaaaaaa, vueeeeeltaaaaa... ya, ya... por favor, que no venga otro, otro gilipollas, que no venga, no venga... joder, Lena, qué frío, qué frío, qué frío, frío... Lena, Lena... Lena... ...Lena...


Escrito por Pepe Amodeo. Diciembre, 1999

lunes, 17 de diciembre de 2007

El futuro del conocimiento

Me he suscrito a FeedBlitz, el antiguo blog de libros y bitios de José Antonio Millán, y recibo la noticia de que todo está a punto para que Google desembarque en la red con su proyecto del conocimiento. No dejen de leer el artículo.

Luego me voy a otro de mis imperdibles -el blog de Arcadi Espada-, y más de lo mismo: el pasado no existe y el presente a duras penas trata de sobrevivir. Parece que sólo queda esperanza para el futuro. Cuando aparezca Knol ya se habrá quedado antiguo ....

CG

martes, 11 de diciembre de 2007

Diez elevado a tres

El contador de visitas del blog que comparto con CG ha pasado del millar.

Teniendo en cuenta que lo instalamos un poco tarde y que tanto uno como otro tenemos que entrar como visitante una vez por semana, creemos que el número es real, y que podemos permitirnos un cierto orgullo de ese diez elevado a la tercera potencia, aunque no diremos nada de la calidad de los visitantes, esos grandes desconocidos ....

(A veces, sólo a veces, intuimos quiénes pueden ser y por donde están repartidos. Por cierto ¿quién sería el internauta que nos visitó desde Madison, Alabama? ¿Y el de La Serena, en Chile?)

Pepe Amodeo

sábado, 8 de diciembre de 2007

De gatos .... y perros

Dedicado a Santos Morales. Él sabe porqué.

Intento leer, sin éxito, el relato que Fígaro acaba de publicar en Arponeros Melancólicos. La página, una de mis imperdibles, me devuelve una y otra vez al mismo lugar, originando un bucle interminable del que me hago responsable: seguro que no presiono el vínculo adecuado, o no me hallo al corriente en el pago con mi proveedor de banda ancha ....

Contemplo la ilustración del relato de María Fernanda Trujillo con curiosidad, y ello me lleva a recordar que Pepe Amodeo y yo hemos ido retrasando la intención de traer aquí el caso de Óscar, el gato que saltó a los medios de comunicación a finales de julio y a primeros de agosto. La revista médica estadounidense The New England Journal of Medicine, propiedad de la Massachusetts Medical Society, publicó un artículo en el que describía el curioso comportamiento del felino. El entorno donde se desarrolla este singular episodio es la Unidad Geriátrica de un centro de residentes para mayores, la Steere House, en Rhode Island. Allí, en la tercera planta, tiene su reino el gatito Óscar, cuya fama se ha debido a que, en más de un centenar de casos comprobados estadísticamente, ha acompañado a los ancianos en el momento de su muerte, incluso cuando el éxitus les ha sobrevenido de forma inesperada y los pacientes no presentaban signos de gravedad.

En España, en Fernán Núñez, el imaginario popular incorporó la historia de Moro, un perro que acudía a los entierros. En 1995 se le erigió monumento, y aunque parece que no existe una crónica seria sobre el comportamiento del animal, según la prensa de la época se calculaba que habían sido unos seiscientos los sepelios a los que había acudido. Sin embargo faltó a dos de ellos: los de personas con oscuros antecedentes históricos y personales.

No tengo ninguna inclinación por lo esotérico, y ni Jiménez del Oso ni Íker Jiménez han sido nunca referentes que sirvieran de amparo a mis muchas dudas y mis pocos credos, pero tampoco se debe pasar de largo ante el misterio y la curiosidad, sobre todo cuando lo protagonizan seres tan entrañables .... ¿La explicación racional? Quizá cuando no quede ni rastro de estas figuras, de estos indicios, que no hacen sino constatar que el mundo, en medio del desgarro y del desconsuelo, sigue sorprendiendo. Sólo hay que mirar en la dirección adecuada.

CG