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domingo, 1 de enero de 2012

Año Nuevo

Muy de tarde en tarde me dirijo a los libros de poesía que tengo algo olvidados, aquellos que esperan pacientemente —sin queja alguna— a que mis manos abran sus páginas y a que mis ojos se posen sobre sus versos únicos e imperecederos. Por alguna razón que desconozco, en esa hora quimérica y desvaída del amanecer, he recordado un poemario de Juan Lamillar. Tonificado todavía por el calor acumulado durante la noche lo hallo en el estante adecuado: lecciones del tiempo, agendas antiguas, claustros, escrituras y cenizas. Esta vez no lo abro al azar, sino que me voy al índice y busco el poema que me asaltó en la peregrina hora de la aurora…

RETRATO DE SIBILA
Guarda la rama mágica, la puerta de los muertos.
En hojas dispersadas por el tiempo y el aire
traza sus letanías, oscuros vaticinios
misteriosos: “Para morir llegará un Dios
y tengo ya en mis manos la corona de espinas”.
Delfos, Samos o Cumas son patrias de mensajes
perdidos en los siglos, descifrados mañana:
“Un Dios desconocido vendrá para morir.
Pero será inmortal. Ya mis manos paganas
aprietan sigilosas los signos de su muerte”.

Juan Lamillar. Las lecciones del tiempo. Pre-Textos. Valencia, 1998

La leyenda más famosa atribuida a la sibila de Cumes, o Cumas, trataba de los nueve libros proféticos que la adivina quiso vender a Tarquino el Soberbio, el último rey de Roma. Éste se negó a pagar el precio pedido por ser muy elevado. La sibila, ofendida, echó tres volúmenes al fuego, seguidos de otros tres ante la negativa de Tarquino. Finalmente el rey acepta los tres restantes por el precio fijado inicialmente.

Los tres ejemplares fueron custodiados durante siglos en el templo de Júpiter, situado en la colina del Óptimo Máximo (colina Capitolina), donde serían consultados en épocas de emergencia. El futuro del año que hoy empieza, puede muy bien representarse en la sibila de Miguel Ángel —decrépita, bruja y giganta— que lee nuestro porvenir en un libro cuyas páginas, convenientemente, están en blanco… Feliz 2012.

Pepe Amodeo / CG

Ilustración: Sibila de Cumes, hacia 1510. Capilla Sixtina, Roma

Música de fondo: Morning (Peer Gynt), de Edvard Grieg

viernes, 11 de noviembre de 2011

Mirarse en el espejo

A veces, mientras te miras al espejo, cuesta trabajo reconocer al sujeto que no te quita ojo desde la brillante y eficaz conjunción de vidrio y metal, y hasta podrías llegar a pensar que, si te lo encontraras por la calle, no te fiarías de él ni un pelo: el conflicto permanente entre la individualidad que tutela nuestros sueños y la vida diaria, origina una curiosa y continua negociación de la que nunca salimos satisfechos. Buscamos en la oscuridad, tanteamos nuestras voluntades, atisbamos luces y, al final, nos resolvemos entre penumbras y tinieblas. Saber de buena tinta quiénes somos, o creer saberlo, es la tarea ímproba que nos persigue desde que abrimos los ojos al mundo. ¿Somos como nos pensamos, o son los demás los que llevan la razón y saben cuál es nuestra verdadera naturaleza? ¿Vanidad de Narciso o suma de incertidumbres? Quién lo sabe.

Tan atípica reflexión tiene su origen en el poema Los Otros, Los Demás, Ellos, de Fernando Beltrán (Oviedo, 1956), cuya lectura me ha conmovido: las vacilaciones han desaparecido, aunque sea fugazmente, y por fin, durante unos instantes, he sabido quién era yo.

CG

Los Otros, Los Demás, Ellos

El serbio que destruye un colegio soy yo,
el ruandés que mata a machetazos soy yo,
el terrorista que coloca la bomba soy yo,
el hombre que dispara en un hiper de Texas soy yo,
el judío que bombardea un campo de refugiados soy yo,
el palestino que clama en el desierto soy yo,
el albanés que huye en un barco soy yo,
el marroquí que se ahoga al cruzar el estrecho soy yo,
el guerrillero que aún sueña en El Salvador soy yo,
el bebé somalí que se muere de hambre soy yo,
el médico sin fronteras soy yo,
el general que apunta soy yo,
el empresario que emite residuos radiactivos soy yo,
el enamorado que mata por amor soy yo,
el loco que muere por amor soy yo,
el político sin escrúpulos soy yo,
el funcionario corrupto soy yo,
el funcionario honrado soy yo,
el hombre capaz de lo mejor,
el hombre capaz de lo peor,
el hombre a secas, yo

Fernando Beltrán. La semana fantástica. Poesía Hiperión. Madrid, 1999.

Ilustración: Mujer ante el espejo. Paul Delvaux (1897-1994).

Música de fondo: Exodus. Tema principal. Ernest Gold.

sábado, 1 de octubre de 2011

Octubre, un poema de Mª Fernanda Trujillo

El otoño suele atraer a toda suerte de poetas y escritores, los cuales ven en su luz oblicua y en sus evocadoras y melancólicas tardes, pretextos ideales para la introspección poética.

Pero María Fernanda Trujillo, poeta, escritora, viajera y observadora de lo cotidiano, al escribir este poema dedicado a Octubre, desdice de todo lo anterior. María Fernanda —compañera y amiga entrañable—, sabe de lo que habla en su decir poético, mostrando un verbo lírico y terso a favor del estío: casi sin nombrarlo reivindica la estación perdida y reprende al otoño con suavidad, condescendiente con él a pesar de su falta de decoro y su capacidad para deslucirle los pétalos.

Con Octubre iniciamos una nueva sección, El poema del mes. Que lo disfruten.

CG

Octubre

Viene el otoño a posarse en mi ventana
por sorpresa, como tiene por costumbre.

Se acerca y contraría mi voluntad
habituada, como estaba, a la sensualidad del estío,
a su naturaleza ardiente, al sol maniatado en las persianas
de mi cuarto.

Viene a respirarme: gris, famélico y trabajoso,
a corearme el lento latido de la sangre,
a morderme, indecoroso, los labios.

A estorbar la frescura que emanaba del arroyo cercano,
y a abandonarme, baldíos los pies, a merced del relente.

Viene a deslucirme los pétalos, que ahora gimen,
privados del umbroso refugio del alféizar.

Llega para transgredirme las caderas
e inundarme de lágrimas la simiente.

Y en su ultraje se hace acompañar de un viento infame,
que acrecienta la condena
mientras ansío la libertad de una nueva y
                                            complaciente amanecida.

El otoño vuelve a posarse en mi ventana
por sorpresa, como tiene por costumbre.

Mª Fernanda Trujillo León

Música de fondo: Summertime, Nina Simone...