Pepe Amodeo / CG
Página personal
Ni CG ni yo estamos agotados, ni tenemos sequía creadora, ni sufrimos cataclismo interior alguno que nos haya sepultado en la más absoluta falta de inicativa. Nada de eso. Es sólo un paréntesis en el carpe díem, del cual ambos somos defensores, al tiempo que descreemos en el mañana.
En una ocasión dijo: En todo caso me reconozco un presuntuoso, que es la forma menos agresiva de ser soberbio.
Los títulos de crédito han estado apareciendo sobre una ventana abierta que enmarca una noche clara y estrellada -Omero Antonutti, Margarita Lozano, los hermanos Taviani ... -, y una voz femenina, cálida y cariñosa, musita unas protectoras palabras; sólo al final de la película se desvelará el secreto: quién las emite y quién, en un sueño inocente y profundo, ha sido el destinatario de las mismas.Pepe Amodeo
El psicoanalista Luis Muiño escribe en su página de El Hábitat del Unicornio acerca del cineasta Michelangelo Antonioni, recientemente fallecido, y de Blow Up, uno de sus filmes más emblemáticos, cuyo tema principal es la historia de una obsesión. Con la capacidad didáctica que lo caracteriza, el autor del blog finaliza sugiriendo actitudes mentales que eviten caer en el abismo de la depresión y del conflicto mental grave: se puede analizar en profundidad cualquier cosa que nos preocupe, pero una vez alcanzado el fondo ..., hay que abandonarlo rápidamente, no vaya a ser que quedemos -como el mal de las profundidades ataca a los buceadores inexpertos-, atrapados para siempre en las sinrazones de la quimera.
Numerosos barcos que estaban por la zona, ante la columna de humo que el barco emitía y el cambio de silueta en el horizonte, se dirigieron hacia el buque naufragado. Algunos de ellos, de bandera francesa e italiana, salvaron a un número reducido de víctimas. Sin embargo fueron las embarcaciones de pesca, laúdes* en su mayoría, los que colaboraron en el salvamento de centenares de supervivientes. Vicente Buígues (o Bohígues), era el patron del laúd Joven Miguel. En contra de la opinión de la tripulación -casi todos familiares-, exponiendo su vida y la de sus colaboradores, acercó la proa al barco, y colocando unos tablones que dificilmente soportaban el paso de personas, logró salvar a más de trescientas personas, aunque para ello tuviera que valerse de un revólver: la máxima de las mujeres y los niños primero, presente en situaciones de emergencias, brillaba por su ausencia, ya que los indefensos eran arrollados sistematicamente por los más fuertes y poderosos.
Un viernes pesado, sólido, con el sabor aún acre en la memoria por los cuatro fallecidos en Carboneras. El calor, esa invisible armadura que entorpece nuestros movimientos y enlentece la mente, facilita el pequeño sueño reparador de sobremesa. Poco después hablo por el teléfono y alguien me da la noticia: César Antonio Molina ha sido nombrado ministro de Cultura.
En su obra Defensa de la lectura, Pedro Salinas establece diferencias importantes entre los adjetivos leedor y lector, asignándole al primero el significado de "aquél que lee por obligación", y al segundo el que lo hace por "el puro placer de leer, por ganas de estar con el libro como si fuera un ser amado, porque el amor que se le profesa (al libro), resulta invencible ..., sin esperar ganancia material o social alguna, nada que fuera más allá del ejemplar mismo y el mundo que genera" (La imprecisión en el entrecomillado viene por confiar en la memoria).No recomendamos visitar páginas de forma gratuita, así que fíense de nuestra apuesta y entren en ella: los autores no sé si lo agradecerán pero ustedes, sin saberlo, estarán validando la frase del mismo Borges (Borges, siempre Borges): Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullece las que he leído.
http://blogs.epi.es/ellectorsinprisas/
CG
De la Biblioteca Pública del pueblo donde he sido acogido a cambio de pagar los correspondientes impuestos, me llevo a casa Verás el cielo abierto, de Manuel Vicent y apenas tardo unas horas en leerlo.
Nunca seré sorprendido colocando aquí el contenido de las solapas de los libros que he leído: démosle el respeto debido a lo que ya hacen otros -¿o debería decir otras personas, evitando caer en ese horror de lo políticamente correcto?-, que además viven de eso, mientras que yo vivo casi del aire. Manuel Vicent no se redime aquí de culpa alguna (ni tiene porqué), aunque en estas páginas confiesa -irónicamante claro-, que a veces ha llamado a su psicólogo para que le aclare algún conflicto onírico gastronómico, mientras que la mayoría de los mortales, cuando podemos pagarnos a alguno de estos profesionales, lo llamamos atenazados por el stress y la ansiedad.
En cualquier caso, el maestro de la magistral columna No pongas tus sucias manos sobre Mozart, premio González Ruano en 1979 y de aquellos Daguerrotipos, que a finales de los años setenta se podían leer en la penúltima página de El País Semanal, se ha superado a si mismo en una sutil observación del pasado, particular y colectivo. Si quieren leer las primeras páginas de esta biografía novelada pulsen aquí.
Pepe Amodeo
Tal fue la dramática y vil muerte de este personaje, traicionado por sus hombres, y finalmente humillado por los enemigos que él mismo fue capaz de crearse, y así queda registrada en una interesante obra escrita por Mª Teresa Ferrer Mallol, titulada Corsarios castellanos y vascos en el Mediterraneo medieval, editorial CSIC, Barcelona, 2000. Pero ¿porqué estos trabajos no tienen el eco que si tienen las obras de ficción, como las famosas La posada de Jamaica o La isla del tesoro? ¿Qué sabemos de los sinsabores, enfermedades y desengaños que con seguridad padeció este Barrasa? ¿Tuvo algún momento de debilidad? ¿Era vulnerable? ¿Fue generoso con alguna barragana, o, por el contrario, fue en todo momento mezquino y miserable? No se porqué, pero llegado a este punto pienso que siempre nos quedarán el Capitán Alatriste, Tin Tin y Corto Maltés.
El acontecimiento del próximo domingo -victorias y derrotas-, sólo me trae el recuerdo de una película, La noche se mueve (Night moves), interpretada por Gene Hackman en el papel de Harry Moseby, un detective en la tradición de Sam Spade o Philip Marlowe, moviéndose en tramas ocultas entre la estereotipada Hollywood y los ambientes sórdidos de Florida. El personaje, un antiguo jugador de futbol americano, descubre en uno de sus callejeos que su mujer -Susan Clark, en el papel de Ellen-, le está engañando. Vuelve a casa con aire vencido. Enciende el televisor y le quita el sonido mientras contempla un partido de rugby. Su mujer vuelve y el comentario que hace sirve para confirmar el engaño. Lo que viene a continuación es uno de los diálogos cinematográficos que, por razones que desconozco, he rememorado continuamente:
Creo que fue la poeta Blanca Andreu (La Coruña, 1959), la que dijo que a la poesía se llega por instinto, sin saber muy bien qué o quién lo provoca, pero que al final es un camino de autoconocimiento. Esta misma definición ya se explicó en el post sobre María Sanz, hace tan sólo unas fechas.


Pero también dar letra impresa -que es casi tanto como dar voz-, a trabajos de amigos y propios.
Si decides pasar y quedarte, aunque sean sólo unos minutos, puede que no te arrepientas. Pero si llega a suceder, entonces te pido disculpas: no era esa mi intención.
En cualquier caso te invito a que dejes algún comentario, y entonces seré yo quién te estará agradecido.