sábado, 12 de enero de 2008

Ha pasado un Ángel

Ángel González (Oviedo, 1925) ha muerto hoy en una clínica madrileña.
Sus poesías, llenas de intimismo y de vida, están divulgadas por la red. Aquí algunos links que facilitarán su acceso:

Tomo prestados dos poemas suyos: El otoño se acerca, y Para que yo me llame Ángel González.
Descanse en paz


PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...
CG






lunes, 7 de enero de 2008

Joan Margarit

Aquellos que hayan visualizado mi perfil saben que tengo dos referentes en poesía: María Sanz y Joan Margarit ... Tan distintos, tan lejanos en posiciones vitales, tan callados los dos, ambos tan poco amigos de la estridencia. De la primera ya he dado alguna cuenta aquí y tengo la intención de continuar dándole cabida en estas páginas. Del segundo diré que lo último suyo que acabo de descubrir está en la red. Tomo prestado uno de sus poemas, manuscrito, aparecido en la revista El coloquio de los perros, en un monográfico dedicado a JM.

Con un número de esta categoría lo mejor que hace uno es leerlo. Y recomendarlo. Que les aproveche.

CG

domingo, 23 de diciembre de 2007

Acaso cómplices de nada


… En todas estas cosas pensaba el hombre cuando deseaba una ciudad. Isidora es, pues, la ciudad de sus sueños; con una diferencia. La ciudad soñada lo contenía joven; a Isidora llega a edad avanzada. En la plaza hay un murete desde donde los viejos miran pasar la juventud: el hombre está sentado en fila con ellos. Los deseos ya son recuerdos.

Las ciudades y la memoria. 2
Italo Calvino.
Del libro Las ciudades invisibles
Primera edición:
Editorial Einaudi, Turín. 1972


Me tocó el antebrazo con su mano por primera y única vez, y lo hizo de una manera tan delicada que aún recuerdo el tacto de sus dedos. Sin soltarme, me convenció el tono aliado de su voz, cuando acercó su rostro a mi oído y susurró:

-Sal tú .…, por favor sube tú ...., lo miras, descubres el truco y luego me lo cuentas.

Creo que se llamaba Paula y era Navidad.

-oOo-

Hasta el exiguo y triste solar que existía junto al mercado de nuestro barrio habían llegado unas cuantas atracciones que en vano trataban, como cada diciembre, de configurarse como una pequeña feria, luchando contra las inclemencias del tiempo, el incómodo barro que producían las obligadas lluvias y la indiferencia de unos parroquianos ensimismados en su ordinaria y gris existencia. Solamente una de aquellas barracas logró atraer a un número notable de personas. Sobre todo los más jóvenes quedamos rápidamente intrigados por su novedad, así que cada tarde corríamos a contemplar aquel espectáculo que se llamaba -lo recuerdo bien-, El hombre invisible.

En la puerta del teatro de barrio, de fachada decorada con atrevidas y groseras pinturas que trataban imposiblemente de recrear un ambiente arábigo, un actor, vestido con ropas que pretendían evocar lujos orientales, llamaba la atención comiendo fuego subido sobre un pedestal. Y lo hacía realmente bien. Es decir, cogía uno o dos hisopos ardiendo y se los llevaba a la boca. Luego lanzaba bocanadas de fuego hasta que éste se extinguía, comenzando de nuevo. El actor interrumpía su trabajo requerido por otro de aspecto solemne -cosas de barrio, siempre supimos que era su padre-, vestido con chaqué y portando en la mano un bastón negro con el pomo blanco. Con un hábil gesto le marcaba el fin de la actuación y lo introducía dentro de la caseta, donde no comería fuego, sino que se volvería invisible. Justamente como suena: invisible.

Me llevé varios días asistiendo a aquellas sesiones, preámbulo del verdadero espectáculo que tenía lugar dentro. No recuerdo bien qué debió de ocurrir para que yo dispusiera del dinero que me permitiera adquirir una localidad y así poder presenciar aquella representación, pero lo cierto es que me vi saliendo a la calle en busca de amigos con los que acudir a la velada. Bendita inutilidad. No pude encontrar a ninguno de ellos y sin embargo apareció Paula, la dulce Paula: varios meses viviendo en nuestro barrio y no era sino la inaccesible Paula, la Paula distante a nuestros torpes intentos de acercarnos a ella y a nuestras pesadas bromas de adolescentes despistados. Quedé sorprendido que no dudara en venirse conmigo apenas le indiqué adónde me dirigía, pero así ocurrió.

Los siguientes recuerdos se ubican ya en el interior de la escueta barraca de feria que pretendía ser teatro. El pavimento era la tierra húmeda bien batida, no había asientos y la decoración la conformaban los paneles limpios. Nos deslizamos hacia delante para situamos cerca del escenario. El insólito comefuegos, vestido como un príncipe árabe de opereta, era entrevistado por el presentador del espectáculo. Con voz inflada dijo que era un mago que tenía poderes y que podía transformarse en un ser invisible cuando él quisiese. Entonces se sentó en un singular sillón, única pieza que presidía la escena, y un sinfín de luces parpadearon sobre él. En ese preciso instante desapareció, aunque seguimos oyendo su voz a través de los altavoces. Luego, acompañado de otro efecto de luz, volvimos a verle sobre el escenario. Con mucha solemnidad reiteró que sus poderes eran infinitos y dirigiéndose al público dijo que podía hacer invisible a cualquiera que se prestara. Noté la mano de Paula. Sentí un irracional temor, pero la voz de ella y el calor de su mano sobre mi brazo actuaron de sedante. Una vez que adelanté mi paso, ya no fue posible volverse atrás.

Antes de subir al escenario alguien me colocó unas gafas de sol y me indicó que no debía quitármelas bajo ningún concepto. De repente, sentado sobre el sillón del escenario, cayó una intensa oscuridad sobre mí y veía a los espectadores como si los observara por medio de una pequeña y redonda lente. Tuve que contestar a algunas preguntas que el falso príncipe, micrófono en mano, me hacía respecto a algunos espectadores para demostrar que, invisible para ellos, yo seguía allí. La sesión terminó con mi reaparición. Todo fue muy rápido, así que, obviamente, no pude descubrir en qué consistía la treta.

De vuelta a casa, apenas unos cientos de metros, me preocupé pensando en que decepcionaría a Paula dado que no había sido capaz de descifrar el enigma de la demostración. Pero ocurrió todo lo contrario. Acaso el intento fallido de dilucidar el misterio nos hizo cómplices y las conversaciones entre nosotros, desde aquel momento, crecieron en número. Recuerdo que buscábamos inocentes pretextos para vernos: comprar un cuaderno de dudosa necesidad, solucionar un problema de matemáticas resuelto de antemano, comentar una película que ninguno de los dos habíamos visto .…

Un día, Paula -pero, ¿realmente se llamaba así?-, desapareció. Se marchó tan lentamente como pausada fue su irrupción en el barrio. Nuestros encuentros se fueron alargando hasta que dejaron de existir. Con ella se marchó mi forma de vivir estas fechas: jamás desde entonces me ha vuelto a conmover un villancico de la misma manera a como entonces me emocionaba, ni el sabor del turrón me ha vuelto a parecer sublime. Al desaparecer ella, todo aquello sí que se volvió, de manera sorprendente, invisible. Teníamos catorce años y nunca nos tocamos la mano ni, mucho menos, nos robamos un beso.

Hoy es Navidad; reflejo esta historia porque en este día, cada año desde hace no sé cuantos, rememoro aquellos instantes extraordinarios. Así que también hoy, hoy más que nunca, me gustaría saber qué le habrá deparado la vida al simulado príncipe árabe y a su padre, qué habrá sido del teatro portátil, cuantas ilusiones como la mía pudieron originarse dentro de aquellas humildes tablas .… Pero lo que de veras me gustaría sería contemplar el rostro que hoy será maduro y, porqué no, bello y sereno, de aquella chica que un día me tocó por primera y única vez el brazo para susurrarme, como estrenando una flamante complicidad:

-Sal tú ...., por favor sube tú ...., lo miras, descubres el truco y luego me lo cuentas.

Pepe Amodeo

Este relato se terminó de escribir el 14 de diciembre de 1999, día de San Juan de la Cruz, en Gines, Sevilla.

Lena


Un cuento de Navidad


Dedicado a Maria del Rosario E. P., Charo, asesinada en Barcelona, en un cajero de La Caixa el 16 de Diciembre de 2005.


.… Lena, que se me ha ido, se ha ido, coño, y hace frío, joder, si me he dado cuenta es porque hace frío, y eso que aquí no entra ese rollo de aire helado que ahora mismo zumba y hace moverse las copas de los árboles, pero es que estos cartones no bastan para aislarse uno del frío, y eso que son gordos, que se pueden ver, de los mejores, un embalaje de frigorífico enterito, sin romper, ya digo, enterito... pero cuando he metido la mano para tocarla, porque no me llegaba su calor, su calor protector, como aquel título de libro tan cursi decía del cielo, me he encontrado que no estaba, y hasta que amanezca, que ya falta poco... pues no hay nada que hacer, pero es que no va haber nada que hacer de ninguna manera... que no, que estaba muy rara estos últimos días, y no sé porqué, bueno si lo sé, que es que ya no podía seguir junto a mí, que esta libertad ya se le quedaba corta conmigo... coño, que esto no es vida, que quizá el campo, que es lo suyo... y lo mío, ¡no te jode!, porque a ver, nos vamos al campo, bien, y una vez allí, ¿de que vivimos?... si yo no estoy ya para nada... ni para darme la vuelta, que ahora mismo me estoy presionando mucho la pústula de la ingle, y la de la cadera... y tengo que girarme, y que me duele todo... venga tío, no seas quejica... ...ya... vamos... ahooooora, ya, ya, sitúate mejor, eso es... ahora... porque no es que Lena me ayudara, pero era otra cosa, su respiración, el saberla ahí, otra cosa, otra cosa, otra cosa... debió de ser cuando el tío aquel, el perfumado, que es que son la leche, que te ven durmiendo y todo y ni por esas, me entran ganas de poner en la puerta un cartel diciendo no entren hombre en su último año de vida, ¿digo una mentira?, pues no digo mentira, porque no va ser mañana, pero éste es mi último año, mi último... pues en ese momento debió ser, y el tío nada, a por dinero, en silencio, todavía tengo que agradecerle que no dijera alguna grosería, que es que hay cada mierda por ahí que te mueres, asfixiados de letras y machacados por otros jefes tan gilipollas como ellos... pero es que yo estaba como siempre en esa hora, viviendo cosas de esa manera que no sabes si es que esas cosas, las cosas que pasan a tu alrededor, las cosas que ya casi no ves, están ocurriendo de verdad o las estás soñando, y yo escuchando el bip-bip-bip del cajero... no me podía mover, y sentí removerse a Lena, incorporarse, pero es que a ella no le duelen los huesos como a mí y se levanta, se estira, se acuesta otra vez, oye y sigue durmiendo tan pancha y tan caliente al momento... no me explico, si me explico, que esto es muy estrecho y que ya no está, ¿no?, pues eso, que se ha ido... alguien, otro alguien que quiere entrar, de reojo le he visto aparcar el coche, trae la música puesta y alta, muy alta... éste entra y deja la puerta abierta, que por la mañana me lo hacen todos... y todas... ¿lo ves?, a morirme de frío... ¡carajo!, ese tío no se da cuenta que estoy aquí?... ¿qué huele aquí dentro?, ¡pues claro que huele!... espera, eso... eso... eso... ¡jodeeerr!... esa es la pavana, la pavana de fauré, hasta a Lena le gustaba... y no digamos a... jamás, no pienses, tío, no pienses en ella, dijiste que no ibas a pensar en ella, método, eso es, disciplina... ajá, ya se ha ido, no le diré imbécil, porque lo de la música ha sido mejor regalo que si nos hubiese puesto una moneda en el platillo, nos ha traído unos segundos la pavana, ¡gabriel fauré, compa, la pavana!... ¿he dicho nos?, en singular, ahora es en singular, estoy solo, solo, solo, solo, pero es lo natural, ¿no?... esto lo elegí yo mismo... al fin y al cabo cuando salí hace tres años, ella atravesó como una flecha los dos kilómetros de la urbanización, para venirse conmigo, que me dio una alegría inmensa, y lo que me ha ayudado... en todo, yo y Lena, Lena y yo, Lena... Lena, Lena... las simpatías que despierta, tiene una elegancia desbordada, ni los años conmigo, la mala vida conmigo, que hay que decir las cosas como son, lo arrastrada que la he tenido, pues... vuelve... el tío de la pavana en la radio vuelve... ¿qué ha dicho ese tío?... ¿feliz qué?, ¡será feliz mierda!... feliz, feliz, feliz... te lo has ganado: eres un estúpido... que sí, que ya lo sé, que ahora vas a dejar ahí un billete, que hoy es el día que te toca tranquilizar tu conciencia y yo te lo he puesto a huevo, para que te vayas ahora en tu coche, con tu mujer, o con quiencoñosea, escuchando la pavana y hagas nosecuantos kilómetros para verte con gente al mediodía, familiares a los que no puedes ver... que te estoy haciendo señas con la cabeza, que me dejes, que me olvides, tío... que has tenido la desgracia de recordarme que hoy es el día, ¿ves?, ahora empieza a dolerme el pecho, y ya tengo las lágrimas ahí... que hijoputa... feliz, feliz... feliz leche, que ahora no puedo dejar de pensar en... que no lo digo, que al menos voy a intentar olvidar su nombre, que ya la estoy imaginando hoy, guapísima, con las piernas enfundadas en las medias negras, la falda ajustada, con el vaso en la mano, sentada en el sofá con la piernas cruzadas, y que pierdo yo si imagino que cuando esté así este mediodía, disfrutando de mis hi... ¡calla!, ¡que no, ni pensarlo, que no lo digas!... eso, eso, que pierdo yo si en ese momento suena el teléfono y alguien le dice que tiene a Lena, alguien que ha mirado dentro de la capsulita que cuelga de su cuello, y allí está el número al que hay que llamar, que siempre me preocupé de mantener el papelito intacto, y el dinero de la gratificación... ya me tranquilizo, eso, eso va a ocurrir, que Lena tiene tan buen porte, y en este barrio hay tantos cajeros automáticos que hasta puedo elegir uno caliente, es un decir, para pasar la noche... y puede que la vea algún niño, o alguien que tenga un gesto de decencia, y llame, llame al teléfono, llame... medio país no es nada, con la de transportes que hay, así que mañana, o pasado mañana, mañana... ¿ves?, ya se me está quitando el dolor del pecho... ahora es el absceso del brazo... vaaaaaa, vueeeeeltaaaaa... ya, ya... por favor, que no venga otro, otro gilipollas, que no venga, no venga... joder, Lena, qué frío, qué frío, qué frío, frío... Lena, Lena... Lena... ...Lena...


Escrito por Pepe Amodeo. Diciembre, 1999

lunes, 17 de diciembre de 2007

El futuro del conocimiento

Me he suscrito a FeedBlitz, el antiguo blog de libros y bitios de José Antonio Millán, y recibo la noticia de que todo está a punto para que Google desembarque en la red con su proyecto del conocimiento. No dejen de leer el artículo.

Luego me voy a otro de mis imperdibles -el blog de Arcadi Espada-, y más de lo mismo: el pasado no existe y el presente a duras penas trata de sobrevivir. Parece que sólo queda esperanza para el futuro. Cuando aparezca Knol ya se habrá quedado antiguo ....

CG

martes, 11 de diciembre de 2007

Diez elevado a tres

El contador de visitas del blog que comparto con CG ha pasado del millar.

Teniendo en cuenta que lo instalamos un poco tarde y que tanto uno como otro tenemos que entrar como visitante una vez por semana, creemos que el número es real, y que podemos permitirnos un cierto orgullo de ese diez elevado a la tercera potencia, aunque no diremos nada de la calidad de los visitantes, esos grandes desconocidos ....

(A veces, sólo a veces, intuimos quiénes pueden ser y por donde están repartidos. Por cierto ¿quién sería el internauta que nos visitó desde Madison, Alabama? ¿Y el de La Serena, en Chile?)

Pepe Amodeo

sábado, 8 de diciembre de 2007

De gatos .... y perros

Dedicado a Santos Morales. Él sabe porqué.

Intento leer, sin éxito, el relato que Fígaro acaba de publicar en Arponeros Melancólicos. La página, una de mis imperdibles, me devuelve una y otra vez al mismo lugar, originando un bucle interminable del que me hago responsable: seguro que no presiono el vínculo adecuado, o no me hallo al corriente en el pago con mi proveedor de banda ancha ....

Contemplo la ilustración del relato de María Fernanda Trujillo con curiosidad, y ello me lleva a recordar que Pepe Amodeo y yo hemos ido retrasando la intención de traer aquí el caso de Óscar, el gato que saltó a los medios de comunicación a finales de julio y a primeros de agosto. La revista médica estadounidense The New England Journal of Medicine, propiedad de la Massachusetts Medical Society, publicó un artículo en el que describía el curioso comportamiento del felino. El entorno donde se desarrolla este singular episodio es la Unidad Geriátrica de un centro de residentes para mayores, la Steere House, en Rhode Island. Allí, en la tercera planta, tiene su reino el gatito Óscar, cuya fama se ha debido a que, en más de un centenar de casos comprobados estadísticamente, ha acompañado a los ancianos en el momento de su muerte, incluso cuando el éxitus les ha sobrevenido de forma inesperada y los pacientes no presentaban signos de gravedad.

En España, en Fernán Núñez, el imaginario popular incorporó la historia de Moro, un perro que acudía a los entierros. En 1995 se le erigió monumento, y aunque parece que no existe una crónica seria sobre el comportamiento del animal, según la prensa de la época se calculaba que habían sido unos seiscientos los sepelios a los que había acudido. Sin embargo faltó a dos de ellos: los de personas con oscuros antecedentes históricos y personales.

No tengo ninguna inclinación por lo esotérico, y ni Jiménez del Oso ni Íker Jiménez han sido nunca referentes que sirvieran de amparo a mis muchas dudas y mis pocos credos, pero tampoco se debe pasar de largo ante el misterio y la curiosidad, sobre todo cuando lo protagonizan seres tan entrañables .... ¿La explicación racional? Quizá cuando no quede ni rastro de estas figuras, de estos indicios, que no hacen sino constatar que el mundo, en medio del desgarro y del desconsuelo, sigue sorprendiendo. Sólo hay que mirar en la dirección adecuada.

CG

domingo, 2 de diciembre de 2007

Poesías, de Antonio Mesa


No se me ocurre otra palabra, así que diré que un reencuentro es lo que ha vivido hoy CG. Este masculino singular sirve para designar el almuerzo con viejos conocidos, antiguas relaciones que arrancan allá por los setenta, cuando discurrían los años del conocimiento y de las certezas absolutas –la juventud, claro, ese enfermedad que, confirmo, se va curando con el paso de los años-. Le oigo rumiar: -Las amistades de aquella época bien las puedo calificar como de elocuentes barricadas del pasado, sueños sobrevivientes de entre las fratrías, -φρατρiα- que uno elige, aunque no todas llegan a buen fin.

-Deberías de haberme acompañado -me increpa CG, -Así hubieras conocido a la gente que facilitaron en el pasado el que hoy pueda entenderme contigo. Y comprobado que la biografía de algunos de ellos no tendría nada que envidiarle a la tuya –ironiza. No suelo mostrar aquí los tics de CG, pero en este caso haré una excepción: a veces es hermético y lacónico, es decir, insoportable. Nocturno, silencioso y enigmático (vaya, otra esdrújula), se dirige a la estantería de los libros de poesía y saca un ejemplar titulado Piedra Del Aire. Comentamos su formidable factura y veo que contiene treinta poemas. Su autor es Antonio Mesa Reina (Sevilla, 1950). Entre los dos acordamos que podría ser una buena idea que alguno de los poemas contenidos en la edición escrita abandone la seguridad de los anaqueles y salga a la red. Han transcurrido más de dieciséis años desde la publicación de estos ejemplares que, al cuidado de María José González Rincón –esposa de Antonio-, vieron la luz en Palo Alto, California, en julio de 1991. En ningún momento han perdido vigencia los versos recopilados, y si no, compruébenlo ustedes mismos:

XXIII

Como somos viejos
no hemos aprendido todavía
que el amor no es
la última explosión de los sentidos.

Como somos jóvenes
sabemos de antemano
el secreto cotidiano de la prisa
inundándonos los párpados.

Como estamos viviendo
cada día nos parece
el último aliento desgarrado
de un sauce milenario

Como somos muerte
el tiempo y el espacio
diminutas sombras son
que en nuestros lechos duermen

Yo que siempre me rodeo
de un aire como ausente
trato de entender vida, muerte,
tiempo y espacio.

Todos son arrugas de mi frente.


Antonio Mesa


Antonio, estaré encantado de conocerte la próxima vez que CG y tu os reunáis. Felicidades por el libro. Recibe un virtual abrazo de


Pepe Amodeo

La vuelta. 2 de diciembre de 2007

Volvemos, y que mejor que estas fechas para hacerlo, en la que uno de los dos cumple años y se afianza en su papel de maduro. ¿Más equilibrio, mesura? ¿Más prudencia y moderación? .... Bueno, en ello estamos ....

Pepe Amodeo / CG

domingo, 30 de septiembre de 2007

El reposo

Ni CG ni yo estamos agotados, ni tenemos sequía creadora, ni sufrimos cataclismo interior alguno que nos haya sepultado en la más absoluta falta de inicativa. Nada de eso. Es sólo un paréntesis en el carpe díem, del cual ambos somos defensores, al tiempo que descreemos en el mañana.

En todo caso hacemos responsables a nuestros amos, de distinto signo, de tener parcialmente secuestrado nuestro tiempo, sobre todo aquél que dedicamos a la reflexión y al aprovisionamiento para la vida que representan estas anotaciones. Este hurto nunca se verá recompensado, y sin embargo ninguno de los dos estamos fraguando una venganza furibunda ni una huida a corto plazo de semejantes opresores.

Pero ello no evita que no podamos a cambiar de idea ni de actitud: ahora mismo le propondré a CG un levantamiento que hará palidecer la hazaña de Agustina Raimunda María Saragossa Doménech, o sea Agustina de Aragón ..., aunque a ninguno de los dos nos gustaría acabar como ella, es decir enterrada en Ceuta, que es tierra de fronteras ... y de infieles.

Volvemos dentro de unos días, así que no se olviden de nosotros.

Pepe Amodeo

viernes, 31 de agosto de 2007

Ellas, siempre ellas

¿Quién se resiste a no divulgar estas hermosuras? Atención a la música de fondo: las dos presentaciones han elegido el Preludio de la Suite nº 1, de J. S. Bach.

La lista es larga, pero si alguien está interesado en obtenerla le diré cómo hacerlo. Tengo una queja: falta Gloria Grahame.



Y aquí quinientos años de arte en rostros de mujer. Para ver la lista completa entrar en:

http://www.maysstuff.com/womenid.htm



CG

miércoles, 29 de agosto de 2007

Umbral

En una ocasión dijo: En todo caso me reconozco un presuntuoso, que es la forma menos agresiva de ser soberbio.

Antes había venido lo de Yo he venido aquí a hablar de mi libro, y no de lo que opine el personal ..., que me parece una de las grandes genialidades televisivas de las últimas décadas. El tiempo dirá si el escritor de olivetti, de gafas de pasta y de melena de dandy pasará a la historia como corredor de velocidad o de grandes distancias.

El obituario que le dedica Arcadi Espada, aquí.

CG

viernes, 24 de agosto de 2007

Alentejo (I)

Dedicado a José Moreno Domínguez, amigo de Caminos.

La furgoneta estaba aparcada en el exiguo aparcamiento de la Praya de Vacaria -o del Porto Velho-, y sobre su cristal trasero podía leerse "Orgulho de ser alentejano". Aquí también, pensé. Como en todas partes. La diferencia con el vecino. El sentimiento de oprobio, de queja por no sentirse bien mirado. Los rivalidad entre ciudades, entre regiones ..., cuando siendo como somos, ojos ajenos, resulta imposible distinguir al natural del Ribatejo del de Tra Os Montes, (o a gallegos de valencianos y navarros).

El Baixo Alentejo tiene como capital a Beja, y la península de Troia, al norte de esta inmensa huerta que apenas mira al mar, llega casi a tocar con sus bajos arenales la ciudad de Setúbal, en el estuario del río Sado. La geografía de estos lugares necesitan, como todas, de un observador: un paisaje no es nada sin alguien que lo disfrute, que lo analice, que lo reconvenga o que lo interiorice. Hasta Miguel de Unamuno incluyó siempre a Portugal en dos de sus ensayos viajeros: Paisajes del alma y Por tierras de Portugal y España. Gracias a Saramago, hoy el iberismo no es un valor decadente.

De este paisaje me queda la impronta que me procura Santiago do Cacem, una ciudad que tiene muy cerca una referencia romana, la antigua Miróbriga.

Es un miércoles que ha servido para disfrutar de la exquisita Praya de Morgavel, en São Torpes. Ahora, en un atardecer que se antoja perezoso y desganado, las calles que suben hacia la Igreja Matriz están solitarias, y algunas de sus casas muestran un pasado reciente, cuando menos, de cierta bonanza económica. No es de extrañar que las incómodas cuestas hayan alejado a la gente joven, que preferirán apartamentos y viviendas más accesibles y saneadas. En esta Igreja Matriz, guardada al norte y al oeste por los adarves de una antigua y bien conservada fortaleza, hallamos la exposición No Caminho sob as Estrelas. En la recepción nos atiende una joven malagueña -que falta de educación y de previsión, no preguntarle el nombre-, que nos explica, entre otras muchas cosas, donde cenar en Santiago. Impresiona el acierto de la muestra, pero los azulejos de Triana con el motivo de la vieira, dulcifican tanta espada y tanto matamoros -y hasta mataindios, tabla peruana del siglo XVII-, que nada tiene que ver con los valores que atraen al Camino a los incondicionales de hoy: aquellos que convierten el sendero en una forma de mirar, de extender la convivencia más allá de la paralelas que conforman el trayecto, persistiendo en actitudes a las que ya hace tiempo muchos renunciamos. Yo conozco a alguien así, y por tanto sé lo que digo.

El azar hace que O Solar do Canudo sea el lugar donde tomar la cena. Alentejana, por supuesto: carne y verduras frescas. La costa, a pesar de su cercanía -30 kilómetros escasos-, parece lejana. No hay evocaciones marítimas en este suave y apartado promontorio civilizado. Sin embargo, estas calles silenciosas vieron, en 1895, el primer automóvil que circuló en Portugal, perteneciente al Conde do Avillez. El primer Rolls Royce portugués perteneció a otro santiaguino, José de Sande Champalimaud, y en su municipio se registró
la matrícula número 1, en 1901, a nombre de Augusto Teixeira de Aragão.

No hay duda. Santiago do Cacém: de povoado pré-celta a cidade do século XXI.

CG

martes, 14 de agosto de 2007

De vínculos y tráilers

En anteriores posts de cine relacionaba dos películas por las que tengo verdadera pasión. Ahora, a través de YouTube, he conseguido acceder a dos de los vídeos de estas películas, sin tener que abandonar el blog.

Para ver el post de Un maldito embrollo, pulse aquí.

Para ver el de Corredor sin retorno, pulsar aqui.

Ahora disfruten de ellos.





CG

viernes, 10 de agosto de 2007

La noche de San Lorenzo. Las Perseidas.

Los títulos de crédito han estado apareciendo sobre una ventana abierta que enmarca una noche clara y estrellada -Omero Antonutti, Margarita Lozano, los hermanos Taviani ... -, y una voz femenina, cálida y cariñosa, musita unas protectoras palabras; sólo al final de la película se desvelará el secreto: quién las emite y quién, en un sueño inocente y profundo, ha sido el destinatario de las mismas.

Me estoy refiriendo a La noche de San Lorenzo, película de los hermanos Taviani, cuyo argumento es la huida de la opresión fascista de una pequeña comunidad de la Toscana, evitando el previsible choque entre dos fuegos que sigue a toda ofensiva. Una niña es la narradora y sus ojos van interpretando los horrores, las historias rotas y los enfrentamientos civiles que la contienda mundial arrojó sobre decenas de poblaciones sencillas y humildes: pequeños (o grandes) incidentes del camino, el retraso en alcanzar las filas de los americanos, los temores y dudas que comienzan a suscitarse entre los clanes del grupo, y la continua amenaza que representan los desesperados camisas negras, que ya dan por perdida la guerra.


Fuera de las crónicas de cine, y coincidiendo con la onomástica de San Lorenzo, como cada año en estos primeros días de agosto son recurrentes las apariciones de las Perseidas, esos coletazos del cometa Swift-Tuttle al paso por la influencia de la órbita terrestre.

Le comento a Pepe Amadeo el acontecimiento, y sin contestarme me sorprende con un folio en el que hay escrito un poema, fechado en 1997. Ni siquiera se ofrece a volcarlo al post, pero yo le cojo el papel. La palabra es suya.

CG


DESIDERATA


Miro mi patio convertido en un perfecto anfiteatro,
donde las distinguidas cariátides
han sido suplidas por prosaicas macetas de potos y geranios.
Hacia el noreste, Casiopea y Perseo aguardan en la noche.

Las lágrimas, tan alegremente esperadas,
reproducen agostos de puntualidad
sobre un cielo que jamás envejece.

Las lágrimas, tan ágilmente vistas,
seducen con misteriosa fugacidad
sobre un firmamento de amparo y silencio.

Las lágrimas, al final tan traidoramente enterradas en el olvido, suponen la vindicación de la fidelidad
sobre la propia infamia.

Desde mi inexistente anfiteatro decorado con invisibles cariátides, hacia el noreste,
Casiopea y las Perseidas me esperarán, te aguardarán
-siempre, siempre-,
en una futura y soñada noche de agosto.


Pepe Amodeo

domingo, 5 de agosto de 2007

Corredor sin retorno

El psicoanalista Luis Muiño escribe en su página de El Hábitat del Unicornio acerca del cineasta Michelangelo Antonioni, recientemente fallecido, y de Blow Up, uno de sus filmes más emblemáticos, cuyo tema principal es la historia de una obsesión. Con la capacidad didáctica que lo caracteriza, el autor del blog finaliza sugiriendo actitudes mentales que eviten caer en el abismo de la depresión y del conflicto mental grave: se puede analizar en profundidad cualquier cosa que nos preocupe, pero una vez alcanzado el fondo ..., hay que abandonarlo rápidamente, no vaya a ser que quedemos -como el mal de las profundidades ataca a los buceadores inexpertos-, atrapados para siempre en las sinrazones de la quimera.

Y como lo disímil, a veces, adquiere las propiedades de lo semejante, quiero traer a la memoria a un director, Samuel Fuller, que fue la antítesis del italiano: rodaba en pocas semanas, nunca seleccionaba a estrellas consagradas para el reparto y usaba la violencia con fuertes impactos visuales, si bien ambos coincidieron en ser considerados directores de culto para la generación de cineastas que alcanzaron el éxito en los 90 (Tarantino, Wender, Jarmusch, etc).

He aquí otro símil, teniendo como tema lo esbozado al comiezo de esta entrada: en la película Corredor sin retorno (Shock corridor, 1963), se plantea, además de la obsesión como rasgo característico de la personalidad, cuáles deberían ser los límites del periodismo sensacionalista, dado que nos presenta la historia del periodista ambicioso en busca del Pulitzer, que no duda en simular una enfermedad mental para descubrir una serie de extraños crímenes perpetrados en el interior de una clínica psiquiátrica.

La psiquiatría fue un filón para guionistas y directores entre 1950 y 1970 -Nido de víboras / The Snake Pit (1948), De repente, el último verano /Suddenly, the last summer (1959), Hojas de otoño /Autumn Leaves (1956) y Shock Treatement (1964)-, aunque también cabe pensar que eran los años del rechazo social a las instituciones mentales de la época, los años en que nace, al menos en los EE. UU., la antipsiaquiatría.

Por último, el antes y el después del cine dentro de los manicomios -horrible palabra para designar la pérdida de libertad, el secuestro y un submundo de electroshocks y lobotomías-, llega de la mano de Milos Forman, con Alguien voló sobre el nido del cuco / One Flew Over the Cuckoo’s Nest (1975), con la rectísima y cruel enfermera (no recuerdo su nombre), enfrentada al carismático Nicholson. ¿Son siempre los profesionales unos villanos y los enfermos héroes? Podéis dar la respuesta que estiméis conveniente, pero nunca será absoluta.

CG

sábado, 4 de agosto de 2007

Vicente Buígues, el héroe del hundimiento del Sirius

Hoy hace 101 años que tuvo lugar el naufragio del Sirius, un trasatlántico a vapor con más de veinte años de servicio y que fue construido en Glasgow, Escocia. Había partido del puerto de Génova y se dirigía a Río de Janeiro, Santos y Buenos Aires con unos 1300 pasajeros a bordo, si bien nunca se contabilizaron las personas que viajaban de forma ilegal en las bodegas del barco.

A su paso por el cabo de Palos, frente a la Manga del Mar Menor, pasadas la 16 horas de aquel cuatro de Agosto, un crujido atronador sacudio la nave, creando una gran confusión entre la tripulación y los pasajeros. El casco había encallado en el Bajo de Fuera, una especie de aguja que está a menos de tres metros de profundidad, quedando enganchado en este escollo perimetral de las Islas Hormigas.

Tras el desconcierto inicial, estallaron las calderas produciendo un número indeterminado de muertos; la proa se elevó y la popa quedó ligeramente hundida. El desastre se completó cuando el capitán del barco, Piccone, y un grupo de oficiales, mostrando una actitud miserable y mezquina, fletaron un bote y abandonaron a su suerte a los tripulantes. El resto de la marinería, ante semejante cobardía y falta de escrúpulos, siguieron su ejemplo, dejando sumida en la desesperación a los viajeros, que veían como se esfumaban cualquier posibilidad de salvamento.

Numerosos barcos que estaban por la zona, ante la columna de humo que el barco emitía y el cambio de silueta en el horizonte, se dirigieron hacia el buque naufragado. Algunos de ellos, de bandera francesa e italiana, salvaron a un número reducido de víctimas. Sin embargo fueron las embarcaciones de pesca, laúdes* en su mayoría, los que colaboraron en el salvamento de centenares de supervivientes. Vicente Buígues (o Bohígues), era el patron del laúd Joven Miguel. En contra de la opinión de la tripulación -casi todos familiares-, exponiendo su vida y la de sus colaboradores, acercó la proa al barco, y colocando unos tablones que dificilmente soportaban el paso de personas, logró salvar a más de trescientas personas, aunque para ello tuviera que valerse de un revólver: la máxima de las mujeres y los niños primero, presente en situaciones de emergencias, brillaba por su ausencia, ya que los indefensos eran arrollados sistematicamente por los más fuertes y poderosos.

Tras su hazaña fue condecorado por los gobiernos de España e Italia con la Cruz del Mérito Naval con Distintivo Rojo y con la Medalla de Oro de Salvamento de Náufragos (Cruz Roja). Fue recibido por el propio Rey Alfonso XIII en el Palacio Real, estableciéndose entre ellos una sólida amistad que se mantuvo en el tiempo. Unos años más tarde, estando Vicente en Valencia observó un revuelo en el puerto marítimo, comprobando que se debía a la presencia del monarca. Intentó romper el cordón de seguridad y casi resulta arrestado.

Si bien las crónicas no nos remiten al final de la historia, me quedo con lo que escribe Javier Cercas en Soldados de Salamina: de no ser por Alcibiades nada sería igual en el mundo. No obstante, añado que la vida y las acciones de personas como Vicente Boígues, justifican, aunque sea minimamente, la confianza que depositamos en ellas.

CG

*Definición del DRAE.- Embarcaciones pequeña del Mediterráneo, de un palo con vela latina, botalón con un foque y una mesana a popa.

Para saber más sobre este importante suceso que ocupó sobradamente la prensa de la época, entrar en las siguientes páginas:



domingo, 15 de julio de 2007

El perjurio de la nieve. Una ficción de Pepe Amodeo.


La última vez que estuve con Adolfo Bioy Casares fue en el año 1995, en la Complutense de Madrid. Siempre apuesto y atildado, hacía cola delante de la secretaría de la facultad de Filología, rodeado de estudiantes que lo miraban con curiosidad: no todos los días se podía tener el lujo de compartir espacio y tiempo con un Premio Cervantes. Como tardaba unos segundos en reconocerme, le remití a la fecha en que nos conocimos, un verano austral de 1992, en Montevideo. Se le iluminó el rostro cuando le nombré el Palacio Salvo, la misma fecha en la que recibió el Premio Rioplatense del Rotary Club. Tras la velada oficial, un grupo muy reducido de amigos, entre los que tuve el honor de ser acogido, comandados por su hija Marta, nos trasladamos a este lugar emblemático de la capital uruguaya. Allí esbozó una teoría a la que rapidamente se sumaron muchos adeptos: en 1916, año en que se estrena el tango La cumparsita, Borges tenía 17 años, y aunque se sabe que en aquellos años viajaba por Europa, también se aseveraba que había sido visto en Montevideo, que había visitado el café La Giralda -ahora Palacio Salvo- y que había dejado escrita la primera letra del genial y controvertido tango, a lápiz, sobre la tapa de mármol de una de las mesas. A partir de ahí, las continuas querellas entre Matos Rodríguez y Roberto Firpo, no hacían más que aumentar la fama del tango. Poco tiempo después Borges -anónimo autor de este tango universal-, ya renegaba publicamente del género y apostaba, sin éxito alguno, por la milonga como el canto de la identidad argentina.

Esperé a que terminara sus gestiones en la Universidad y le invité a pasear por el Jardín Botánico de la Ciudad Universitaria. Una vez allí, tras ponerme al día de los proyectos que aún tenía pendiente, mostró una memoria prodigiosa al preguntarme qué me había parecido aquel relato dedicado que me envió unos meses después de nuestro encuentro en Montevideo, y que yo tuve el descaro de decirle que no conocía, titulado El perjurio de la nieve. Me vi en la obligación de confesarle que nunca recibí su libro y nuestra conversación terminó con vagos deseos de reencontrarnos, sabiendo, como ambos conocíamos, la escasa probabilidad y la incertidumbre de que se produjese un nuevo encuentro entre nosotros. A ninguno de los dos se nos ocurrió volver a hablar sobre la carta perdida.

Desde entonces no paré de buscar este librito, hasta que finalmente lo hallé en la Librería de la Escalinata, en la calle Escalinata, cerca de la plaza de Isabel II, en Madrid. Lo compré en octubre de 2004, curiosamante sesenta años más tarde de que acabase la impresión del segundo millar, en los talleres gráficos de D. Sebastián de Amorrortu e Hijos, en Buenos Aires (1,80 pesos de precio de salida), y desde entonces lo he releído en más de una ocasión.

Si recomiendo este ejemplar es porque la humanidad tiene una cuenta pendiente con la relaciones duales: poeta mediocre y excéntrico vs periodista sobrio y discreto; notoriedad vs anonimato; imaginación febril vs mente sensata; sin embargo el propio Bioy Casares ha de incluir un necesario epílogo, ante lo que el mismo califica como simetrias en los destinos entre Carlos Oribe y Juan Luis Villafañe. En este capítulo final, tras sucesivos razonamientos y reconociendo que pueden no ser los únicos ni los verdaderos, se posiciona en favor de uno de ellos.

La edición de la que les hablo es, como decía antes, de 1944. Cuadernos de la Quimera. EMECÉ Editores, SA, Buenos Aires.

Esta novela corta fue llevada el cine en 1950, con el título El crimen de Oribe, rodada por Leopoldo Torre Ríos y Leopoldo Torre Nilsson.

Pepe Amodeo

viernes, 6 de julio de 2007

De poeta a ministro

Un viernes pesado, sólido, con el sabor aún acre en la memoria por los cuatro fallecidos en Carboneras. El calor, esa invisible armadura que entorpece nuestros movimientos y enlentece la mente, facilita el pequeño sueño reparador de sobremesa. Poco después hablo por el teléfono y alguien me da la noticia: César Antonio Molina ha sido nombrado ministro de Cultura.

De la hemeroteca virtual española, recojo palabras del poeta con las que me identifico: La poesía me ha hecho mejor persona, por la sensibilidad que te obliga a cultivar y que te abre a la gente, y me ha hecho mejor lector. (ELPAIS.com, artículo de la tarde).

Uno de sus poemas:

JUNCOS

Juncos del lago Titicaca,

juncos del antiguo Nilo.

Barcos en el desierto

herrados por el óxido.

Mares de arena.

Trigo, espigas, cebada:

aramos con las anclas.


Cómo quisiera no imaginar

a aquel que desconozco.


Cada uno debajo de su duna

y el sagrado simún sellando todo.


Nadie le ha abierto las puertas a este poeta: le cabe el honor de habérselas abierto él solo.

Pepe Amodeo

sábado, 23 de junio de 2007

La lectura, un mal confesable

En su obra Defensa de la lectura, Pedro Salinas establece diferencias importantes entre los adjetivos leedor y lector, asignándole al primero el significado de "aquél que lee por obligación", y al segundo el que lo hace por "el puro placer de leer, por ganas de estar con el libro como si fuera un ser amado, porque el amor que se le profesa (al libro), resulta invencible ..., sin esperar ganancia material o social alguna, nada que fuera más allá del ejemplar mismo y el mundo que genera" (La imprecisión en el entrecomillado viene por confiar en la memoria).
Así que cuando uno se encuentra con páginas como la de "El lector sin prisas", y detecta en sus contenidos ese amor supremo por la lectura, ese mal confesable que a muchos nos supera, no se puede por menos que enviar un saludo solidario a los componentes de "El Equipo Médico Habitual", cuatro voluntarios que aportan unas acertadas - y creo también que desinterasadas-, críticas literarias.

Otro dato más que viene a confirmar la existencia de la Biblioteca de Babel, o Circular, de Borges: encontré la página buscando información sobre Ryszard Kapuscinski y su obra Viajes con Heródoto: una vez más el sustantivo necesita de un buen adjetivo, así que propongo dos palabras: azar y aleatorio.

Como la crítica literaria es una de la finalidades perseguidas por este blog -compartido afortunadamante con Pepe Amodeo-, creo que no nos equivocamos al recomendar esta página, al tiempo que la añadimos de manera permanente a nuestra lista de favoritos.

No recomendamos visitar páginas de forma gratuita, así que fíense de nuestra apuesta y entren en ella: los autores no sé si lo agradecerán pero ustedes, sin saberlo, estarán validando la frase del mismo Borges (Borges, siempre Borges): Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullece las que he leído.

http://blogs.epi.es/ellectorsinprisas/

CG