sábado, 12 de mayo de 2007

Un maledetto imbroglio

El semáforo aparece en rojo y tengo que parar el coche ante un cruce de calles. La tarde, colmada de caos e impaciencia, se presenta calurosa y a través de la ventanilla se cuela un familiar olor a plomo y asfalto. Todo está agitado y crispado. Conecto la radio y la voz de Gene Kelly, cantando Singing in the rain, emerge de los altavoces. En ese momento me abstraigo y me imagino que todo mi alrededor se ha convertido en un estudio de cine californiano: casi llego a palpar la imagen del cantante y bailarín, abanderado sobre la farola mientras una lluvia artificial, mezcla de agua y leche (la unica manera, al parecer, que encontraron los técnicos de la MGM para que el technicolor captara las gotas de lluvia, convertidas en anónimas protagonistas), representando uno de los iconos más gráficos de la modernidad.

Aunque resulte extraño, y dada mi desmedida pasión por los mitos, no tengo copia de esta película. Cuando se rodó corría el año 1952, así que todavía faltaban siete para que se proyectara como estreno Un maledetto imbroglio, un film en blanco y negro de Pietro Germi. Esta obra es unas mis películas preferidas, y desde aquí invito a que la veáis.

En ese año el neorrealismo estaba ya en decadencia, pero Pietro Germi sazonó el argumento (crónica social más crimen y delincuencia), en un claro apunte hacia la ambigüedad moral que rodea a todo lo que pretenda ganarse la etiqueta de novela o cine negro. Muy en su papel de inspector descreido e indolente, tanto con los implicados en la trama como con los jefes, el director-actor borda el personaje del Dottore Ingravallo, adornándose con unas sugerentes gafas oscuras, precursoras de las Wayfarer, de Ray Ban, aquellas que después harían famosas el presidente Kennedy, Audrey Hepburn (Desayuno con diamantes/Breakfast at Tiffany´s), o Bob Dylan. Genial aparece también una jovencísima Claudia Cardinale en el papel de Assuntina, la joven crédula e inexperta, que acude a la ciudad huyendo de la asfixiante miseria aldeana.

El ambiente cuartelero de la comisaría, el desfile de personajes sinuosos y resbaladizos, el enredo continuo, el maldito embrollo que todo lo domina, procede de una obra literaria desconocida en nuestro país, Quer pasticciaccio brutto de via Merulana, de Carlo Emilio Gadda. Turbadora me resulta la imagen final de Assuntina atravesada en la cama, con la mirada dirigida a la cámara (a la estancia vacia tras la detención de Diomedes -Nino Castelnuovo-), atenazada por el miedo y el desgarro: no sólo están apresando a su hombre, sino que se adivina a una mujer condenada, madre en ciernes sin futuro en una Italia rural, huérfana aún del milagro económico.

La banda de la película fue compuesta por Carlo Rustichelli, y el tema central es Sinno´me moro, una canción interpretada por Alida Chelli, hija del compositor. Fue un exito en las ondas de la radio de aquellos años, aunque Gabriella Ferri también versionó el tema unos años más tarde con idéntico éxito.

Aunque ya he comentado que me declaro un incondicional del film, no me resisto a referir el paralelismo entre la conmovedora escena final, en la que Claudia Cardinale corre por la polvorienta calle del pueblo, y la de Ana Magnani en Roma, cittá aperta, tras la detención de los aprendices de partisanos.

A pesar de haberos reventado el final, insisto: no os la perdáis, no tiene desperdicio.

CG

lunes, 7 de mayo de 2007

Recibir una carta


Pepe Amodeo ha recibido una carta: Ya nadie escribe cartas de este modo, y me enseña un folio escrito con máquina de escribir clásica, convencional, con la huella de los tipos sobre el papel. Quizá haya sido escrita con una Underwood, una Remington o una convencional Olivetti Lettera 42. El caso es que la página escrita resulta conmovedora y entrañable, plegada doblemente sobre sí misma, con una firma al pie. Me pide que la lea y casi doy un respingo ante la confidencialidad de lo escrito: a una persona muy allegada a Pepe Amodeo no le van bien las cosas. Me emociona tanta franqueza, tanta sinceridad. Decía la carta que creemos tener todas las certezas del mundo sobre las personas con quien convivimos. Que pensamos que lo sabemos todo sobre los que nos rodean: los oimos cómo rien, cómo se enfadan, cómo vuelven a serenarse ..., pero que luego, de forma inequívoca, acaban reapareciendo sombras, lados ocultos y oscuros, dudas razonables. Y sin embargo esta persona ha decidido continuar creyendo en otra, seguir tratando de aprender, prorrogar la confianza tantas veces otorgada.


Me dice que es muy poca la ayuda que puede darle: acaso contestarle a la misiva, hacerle una llamada telefónica, o visitarle. Pero pone poco entusiasmo, así que le brindo este blog. Al principio titubea un poco, aunque finalmente acepta, diciéndome que lo ayude al seleccionar uno de sus poemas. No lo dudo y le indico cuál. Este poema lo escribió Pepe Amodeo en julio de 2006 y pertenece a un libro, inédito, naturalmente, titulado Los barros prestados.


Los barros que me prestaron

Tanto tiempo recibiendo arcillas, hijas de otros sedimentos.

Tanto barro tomado y tanto por devolver.

En un tiempo repuse unas sonrisas sinceras,

una mirada clara.

Alguna vez hubo un favor intentado,

algún silencio cómplice.

Un día compartí algunas soledades,

y otro atendí un sueño ajeno.

Apenas nada, comparado con las cerámicas y caolines

que han llegado siempre hasta mis manos:

los alientos desinteresados de mis padres,

la partitura siempre renovada que me permite

interpretar mi compañera,

los caminos enseñados que me conducían

al final de todo cautiverio,

las libertades posibles que me mostraron mis hijas,

o la lección aprendida tras una pifia inconfesable.

Son barros prestados, pero no los siento

ajenos. Tampoco me pertenecen los bronces

y oropeles de los que alguna vez hice gala,

arneses que precisé mientras cometía errores:

espero que el saldo sea favorable, alguna vez,

a los materiales más frágiles, y poder poner,

por fin, un poco de lucidez sobre mis espaldas.

CG

martes, 1 de mayo de 2007

El puente

Le dejo a Pepe Amodeo el teclado para que muestre sus experiencias viajeras de un apretado fin de semana, ya que no ha podido sustraerse a aceptar una invitación en este puente de calendario. Le he recordado la diferencia existente entre el ser viajero y el ser turista. Y él se ha tenido que vestir de turista, ir a un hotel de turistas, degustar menús de turistas y coincidir en el ascensor con decenas de turistas... Sin soportar facturas, ya que ha tenido la condición de invitado. Me asegura que no, que él ha ido de viaje, y que lo que distingue al viajero del turista no es el aspecto ni el menú que comparte con otros residentes del hotel, sino... la mirada.

Por una vez, y sin que sirva de precedente le doy la razón: no acostumbro a ser tan benévolo con quien tiene que cumplir su papel de contrincante oficial, pero en esta ocasión se lo ha ganado. Les dejo con él, pero no se fien: hasta a mí logra engañarme con cierta periodicidad.

CG




DE PUENTES Y MIRADAS.

Tengo unos días libres en mi trabajo y un buen amigo me invita a pasar unos días fuera de la influencia de CG. No diré el lugar elegido para el desplazamiento, ya que empieza a tener mala prensa, como le ocurre a la Costa del Sol y a otros lugares igual de siniestros. Sin embargo no puedo evitar la tentación de referirme a algo que me viene sucediendo desde cierto tiempo. Durante muchos años estuve preocupado con la posibilidad de retener los rostros de las personas con las que me cruzaba en aeropuertos, estaciones y restaurantes, sobre todos en ciudades remotas a las que, previsiblemente, ya no regresaré nunca. De aquella fijación mía de retratar rostros y de rememorarlos cada cierto tiempo, he pasado a mantener una visión periférica de las personas y sus gestos. Así que ahora no me distraen las caras de l0s individuos que me rodean, y me descubro mirando sus manos, su calzado, sus actitudes. En este último fin de semana he ido anotando en mi cuaderno cómo era la espalda convulsa de una mujer que lloraba sentada en su silla de ruedas, mientras miraba al mar, ante la total indiferencia de su acompañante; las manos poco creibles, de horribles uñas artificiales, de la chica que se acercó a nuestra mesa solicitando el salero; las dudas mostradas por el recepcionista del hotel al escribir ni nombre; la voz, grave y ceremoniosa, percibida desde la terraza, agradeciendo un favor telefónicamente; las sandalias y los calcetines blancos de unos turistas de aspecto nórdico; un niño, con clara actitud de enfado, que mira fijamente uno de los caminos que lo ha llevado hasta el paso elevado de la autopista; el silencio de la camarera de hotel ante mi saludo; los andares, retadores y chulescos, de la propietaria del perro que se me acercó en la playa; los cinco vasos largos, vacios, acumulados por la cantante del bar del hotel, Sesión: 11 de la noche - Media etiqueta ...

Me he propuesto percibir los restos de lágrimas que quedaron sobre el llavero de la habitación que ocupé cuando estuve en Venecia, o migrar al entrecejo de la gaviota que, durante unos instantes, fue hermana vertical del acantilado del Cabo de San Vicente; si he de volver a contemplar y a fotografiar los rostros, lo haré, pero sin perder de vista mis nuevas metas.

Termino dejando el final de un poema que compuse hace ya algunos años, sin título, dedicado a los amantes de Blade Runner:

Nunca renuncies al equipaje ganado con los sueños. Ni a itinerarios que te conduzcan

al perfume de las estrellas, al canto de los desiertos, al acento de los mares.


Así, en el momento de la derrota final, puedes mirar a tu contricante y decirle:

"Tu no has visto, como yo, arder Orión ni brillar rayos C en la puerta Tannhäuser"

Y te digo que nada de eso se perderá como lágrimas en la lluvia,

si es que elegimos ser memoria de un universo que vive desafiando al silencio.

Pepe Amodeo

viernes, 27 de abril de 2007

La poesía y los pobres: Gamoneda






Con algo de retraso me hago eco del premio Cervantes 2006, recogido el pasado día 23 por Antonio Gamoneda. Si tuviera que resaltar alguna frase del discurso pronunciado por el autor ese mismo día, sería aquella en la que venía a decir que la falta de recursos había condicionado su vida y su obra "más que cualquiera otra circunstancia o razón". "Mis fuentes", aseguró, "en lo que concierne al saber, a la vigilia de la sensibilidad y al acendramiento de la conciencia, son, permítaseme decirlo crudamente, de baja extracción".


Recomiendo desde aquí la reflexión que hace en su blog Luis Muiño -ya saben, El Hábitat del Unicornio-, acerca de la pobreza y de los que nunca salen en la foto.

Por otro lado tomo dos poemas del autor que figuran en Esta luz, Poesía reunida 1947-2004, Galaxia Gutember-Círculo de Lectores.

El primero pertenece a 1947, y, según recoge Eloísa Otero en su blog Isla Kokotero, su hija Amelia aún conserva el manuscrito de dicho poema.

TE BEBERÉ el cabello
y cerrare los ojos.

Tú seguirás manando
tu cabello
turbio de besos.


Poeta plural y amplio, quisiera reflejar aquí las dos líneas dedicadas a Chillida en su libro Rumor de límites:

OIGO hervir el acero. La exactitud es el vértigo.

Tus manos abren los párpados del abismo.

Con notarios y maestros de lo cotidiano y de la memoria como Gamoneda, creo que todos podemos atrevernos a entrar en espacios tan reservados como son el autoconocimiento y la emoción. Eso sí, habrá que amar lo que descubramos, que no siempre será grato. Además, nadie lo hará por nosotros.

martes, 24 de abril de 2007

Tu nombre y la palabra

Visito la página de Arponeros y me encuentro con esta noticia: a mi buena amiga Maria Fernanda Trujillo le han otorgado el Primer Premio de Narrativa en Tomares, Sevilla. Es la III edición que organiza la Asociación ARTESOY, que acoge a Mujeres Artistas de la misma localidad. Como no podía ser de otra manera, le pido permiso para que el relato premiado pueda ser leído por las pocas personas que visitan el rincón que comparto con Pepe Amodeo

El relato, en clave epistolar, se titula Tu nombre y la palabra y es un emotivo ejercicio de comprensión dedicado a aquellas personas a las que la vida apenas les concedió nada. María Fernanda me confiesa que detrás de esta ficción hay una pequeña historia verdadera, y que por eso ella le cede esta vez protagonismo a quién acaso nunca lo ha tenido. He aquí el relato.

He dudado muchas veces a la hora de dirigirte esta carta, Blasa, amiga mía. Pero sí; al final he decidido poner por testigo a la palabra.

Ya sé que no te gusta que te llamen por ese nombre, que prefieres que te llamen Sita. Blasita, Sita, como te llamaba tu madre. A veces los seres humanos nos vemos obligados a cargar con legados que nos marcan la vida entera. Y tú llevas en tu nombre la herencia del abuelo muerto. Hoy me he permitido llamarte así, a pesar tuyo, porque esa fue la primera palabra que escribiste, toda con mayúsculas: BLASA. La dibujaste con letra torpe todavía, pero con un orgullo indescriptible, una mañana de abril, cuando la tinta rezumaba primavera.

Recuerdo el día que nos conocimos como si fuera hoy mismo. Al término de mi conferencia sobre la mujer rural, que aplaudiste con tanto entusiasmo, estrechaste mi mano entre las tuyas. Y yo, he de confesarlo, la retiré ruborizada, culpable por tener manos tersas y suaves, en contraste con las tuyas rugosas y ásperas, ajadas de tanto esfuerzo, de tanto sol y azada, de amañar guisos y sabores e hilvanar y sobrecoser telas imposibles. Tú, probablemente, ni te diste cuenta e insististe en el abrazo y las felicitaciones. No nos volvimos a ver hasta meses después, en la capital. Aquella cara conocida, sin nombre. “Soy Sita, de Villadealba. Quiero aprender a leer y a escribir. Tengo que recuperar el tiempo perdido”. Te sentí desvalida y yo, otra vez culpable, moví los hilos sin costura de la Administración para tejer un puente hacia un mundo todavía inédito para ti. No me fue difícil; no me lo agradezcas, querida amiga. Tu aprendizaje, sin embargo, fue rápido y fructífero, aunque no exento de esfuerzo: “Eso son pamplinas. Sobre todo a tu edad. Pamplinas”. Fue lo que te dijo tu hombre, como a ti te gusta seguir llamándolo. No es malo tu hombre, no, ya lo sé. Pero Juan tenía miedo a lo desconocido. A una mujer distinta en su pequeño mundo de siempre. Miedo al cambio; tú misma me lo decías cuando hablábamos por teléfono. Por mi parte, asumí el reto de tu aprendizaje siguiendo la instrucción de cerca, y tú te mostraste siempre agradecida, desde el mismo momento que conseguiste trazar aquel obligado nombre tuyo. Al principio, cuando me escribías, combinabas frases simples que se fueron haciendo luego más complejas y que yo leía, primero con cierta sensación de superioridad, he de reconocerlo, hasta que fui descubriendo un universo mágico, impregnado de ternura y sabiduría antigua. Recuerdo también cómo referías lo que experimentabas entonces: “¿Tú sabes lo que significa ver sin entender? ¿Sabes lo que significa descubrir luego el sentido del nombre de una calle, la lógica del número de una línea de autobús, aquí en tu ciudad, comprender el título de una película y el rótulo de un anuncio en televisión? Lo primero es la ceguera. Y yo nunca más seré ciega ante la vida”. “A veces me despierto de madrugada y me pongo a jugar con las palabras. Ellas me hablan ¿sabes? Por eso guardo el cuadernillo antes de dormir debajo de la almohada”. Me lo comentabas con ilusión esperanzada en el futuro y sin rencor hacia un pasado que marcó tu primera existencia analfabeta. Respecto a mí, empecé a aprender del rigor que se desprende de la naturaleza, de animales y plantas, de nubes y tormentas. De amanecidas y atardeceres magníficos. De colores que yo desconocía, por inexplorados. Y nuestra amistad se hizo grande, al tiempo que crecieron el conocimiento y las palabras. Y el trueque de nuestras vivencias nos enriqueció más que todas las universidades juntas. La universidad de la propia vida. Gracias querida amiga, sí; crees que no merece que lo diga, después de tantos años, pero he de hacerlo, porque estoy en deuda contigo. Porque aquel día que estrechaste mi mano entre las tuyas ajadas, me cediste un tesoro inestimable: el de la voluntad y el esfuerzo que llevan al Conocimiento.

Te entregaré esta carta mañana, al término de tu recital de poemas. Mi más sincera enhorabuena, Sita. Luego, cuando todo el mundo se haya marchado, ¿querrás dedicarme un ejemplar de tu obra? Tus poemas son magníficos, así lo ha confirmado la crítica. A mí, qué quieres que te diga, me emociona especialmente el primero de todos ellos: El nombre y la palabra:


Las letras compiten entre sí
por disponer tu nombre,
sujetándose al cuello,
atenazando de brújulas la garganta.

Hoy procuro llamarte sin prisas,
mientras, bajo la hierba del océano,
se traban las colas de los peces dormidos
y la lluvia oxida las palabras
que tenía reservadas para ti.

Hasta mañana entonces, Sita. Recibe un fuerte abrazo,

Beatriz
Mª Fernanda Trujillo León

lunes, 23 de abril de 2007

23 de Abril: el Día del Libro (y de San Jorge)

De libro y flor.-

Queda bien regalar un libro y una flor. Pero si lo haces hay que hacerlo con cierto desinterés, cuando no con cierto amor, por todo lo que ello representa. Alguien piensa en tí y busca un ejemplar por el que has mostrado cierto interés, o por la flor que de alguna manera te identifica. Pero no mete en medio del libro una foto suya, para que lo tengas siempre presente. Porque si es así, el regalo se convierte en algo interesado, cuando no envenenado. Mis principios me obligan a dar las gracias a la corporación municipal del pueblo donde vivo, ya que me han obsequiado un lujoso Cantar del Mío Cid, editado por Carroggio en colaboración con el Instituto de la Lengua. Pero también he de mostrar mi lado crítico y cuestionar la cuña publicitaria de la primera página del libro, en la que aparecen los candidatos a alcalde y a concejal delegado en las futuras elecciones municipales. Lo siento mucho, pero mis criterios culturales son más sobrios y austeros que los que aquí veo y nada tienen que ver con el mercadeo de los objetos culturales.
Está claro que la pólvora del rey sigue siendo barata (y, para algunos, hasta rentable).


____ooOoo____


Segundo descubrimiento del día de hoy.-

Navegando por la red encuentro esta página: un grupo de profesores de Secundaria, blogueros confesos, están promoviendo la corrección lingüística en la red. Oportunísimo y sin desperdicios. He aquí el vínculo:
CG




domingo, 22 de abril de 2007

El Día de la Tiera

Hoy es el Día de la Tierra.

Así lo ha estado anunciando Google: curiosa forma de identificar el futuro del Planeta Azul con el equilibrio necesario entre aire, agua, fuego .... y tierra.


Y de esta manera anunciaba el evento Forges, en el díario El Pais:



CG


La espalda y los ojos


Le digo a CG que debe vigilar su espalda, que últimamente le aprecio un notable descuido en esa importante zona corporal. Dialogamos sobre otras partes anatómicas y cuando llegamos al ojo le recuerdo la frase de Goethe: El ojo es el órgano con el que he comprendido el mundo. Claro que este autor, años después de su viaje a Italia, escribió una Teoría de los colores, opuesta a las formuladas por Newton. He aquí una frase de este libro:

Debe el ojo su existencia a la luz. De subalternos órganos auxiliares animales, la luz desarrolla un órgano adecuado a ella; así el ojo se adapta gracias a la luz para la luz, para que a la luz exterior corresponda otra interior.

Para Goethe el color es consecuencia de una polaridad entre la luz y la oscuridad (cuyo testigo es el ojo), siendo la oscuridad la fuente universal, y la belleza una lucha entre opuestos. Desarrolla todo un principio de bipolaridad, vinculando luz y tinieblas, sujeto y objeto, cuya dualidad extiende al universo moral: es el principio mismo del universo.

Pero dejemos a Goethe -y a los colores-, para otra ocasión y volvamos a la espalda, esa extensa y lisa cadena de huesos y músculos cubiertos por apenas medio metro cuadrado de piel en cualquier persona adulta y de altura media. Si para el ojo ya hemos adivinado a qué dicotomía se enfrenta, preocupado como estoy por la espalda de CG, le propongo que construyamos nuestra propia teoría: sustento y muralla, carga y rechazo. Eso es lo que le quiero hacer ver a CG: si está dispuesto a cargar sobre su dorso determinados roles, allá él. Se trata de su espalda. Pero también ha de saber que la traición entra por la espalda y que si a alguien se le miden las espaldas se deberá a la de palos que este alguien recibe, merecida o inmerecidamente.

Se me ha vuelto muy serio CG, y me dice que esperaba más de mi talla intelectual: que lo mismo doy un apunte sobre Goethe y la filosofía de la visión que me vuelvo vulgar y refranero en mis consideraciones. Le hago una perfecta refutación a su desproporcionada conclusión, me mira de mala manera y enmudece. Esto de compartir el teclado tiene sus inconvenientes, ¿no creen?

Pepe Amodeo

viernes, 20 de abril de 2007

María Sanz: Luna de Capricornio




Pues finalmente pude acudir a la presentación, íntima y familiar, de la Antología 1981-2006 de María Sanz. La tarde, templada y ruidosa en el centro de Sevilla, recogía murmullos en el reducido salón de actos que La Casa del Libro tiene en la azotea de la calle de Velázquez. Los pocos asistentes que se me adelantaron ya habían tomado posición en las últimas filas, así que busqué mi asiento en el lugar más discreto que pude.

Flanqueaban a María Sanz dos personas, a las que ella misma presentó: José Antonio Ramírez Lozano, escritor y poeta (Nogales, Badajoz), y Francisco Robles, periodista de la capital. Antes de que María Sanz ofreciera una seleccionada lectura de sus poemas, aparecieron en el horizonte los obligados referentes sevillanos: Bécquer, Machado, Cernuda ... , llegando hasta Carmen Laffón. Debe quedar claro que las referencias buscaban el lado selecto y elitista que estos autores representan, pero me pregunto hasta cuando tiene que durar la tiranía de la etiqueta prestada para una autora que, con este libro, celebra 25 años de escritura. Hubo un apunte acertado: la de que María Sanz podría tener más afinidad con los filósofos-poetas que con la simple adscripción a cualquier movimiento literario, llámese modernismo o postmodernidad. Humildemente pienso que María Sanz haría bien en marcar ciertas distancias con determinados cenáculos de la ciudad, principalmente con aquellos que, orgullosos de pertenecer a una ciudad de carácter florentino, acaban cayendo en el odioso provincianismo que lleva siglos anclando e impidiendo el anhelado despegue ético y moral de la urbe, sin excluir el económico.

María Sanz, excelente decidora de sus propios textos, hizo un recorrido por la antología, descubriendo algunas claves ocultas del poemario. De dichos poemas me quedo con El hombre que resiste, perteneciente al libro Dos lentas soledades (2002). Dice así:

El hombre que resiste
es menos infeliz, acusa poco
la llegada del mal a sus dominios,
ignorando si hay viento
de levante o de poniente,
o si en sus tentaciones
ha crecido la hierba.
Cuántas veces el cuerpo está llagado
hasta el punto de ansiar la sepultura.
Pero nada termina
por derrotar al hombre
que ha visto su victoria ya de lejos,
aunque apenas le queden
fuerzas para arrancarla al enemigo.
Cuántas veces la débil naturaleza sirve
de escudo atemperado
contra alguna supuesta rebeldía.
Pero aquél que resiste llega a vivir del todo,
enraizado en la oscura verdad que le define.

El libro está dedicado: A mi madre, sin cuyo aliento no hubiera llegado a esta orilla, y para su apertura, a manera de prólogo, se ha elegido uno de los textos más relevantes de la reconocida hispanista Biruté Ciplijauskaité: La construcción del yo femenino en la literatura, Universidad de Cadiz, 2004.

María Sanz: Luna de Capricornio. Ed. Aguaclara. Alicante 2007


lunes, 16 de abril de 2007

Luna de Capricornio



Mañana presenta un nuevo poemario María Sanz.

Lo hará en La Casa del Libro, en Sevilla, y espero poder acudir al acto.

Desde hace unos años sigo las publicaciones de esta poeta: de forma azarosa me encontré en una estantería el poemario Tu lumbre ajena, Premio "Valencia" de Poesía, y desde entonces vengo observando su crecimiento y cómo va incrementando su presencia en el panorama literario nacional.

He de decir de esta autora que me fascina su capacidad de trascender el poema: no lo estás leyendo, te lo está leyendo ella misma. Sonoridad, además de ritmo. La ironía que baila con la tristeza. El mundo clásico yendo al cine. Todas las variables orquestales, reunidas en un luminoso amanecer en Taormina.

Hay todo un universo de destinos, dulces y conformes, pero ferozmente inapelables, en esta echadora de versos que conjuga retos y apuestas personales.

Insisto: estética y buen gusto.

Si consigo asistir a la cita, ya os contaré.

jueves, 12 de abril de 2007

La crin de Damocles



La última novela que acabo de leer. Serie Negra. Años Negros. Para recordarle a los alemanes que no siempre fueron una potencia ni unos referentes recomendables.

Un parrafo del libro, página 198:

... Libre es el que sigue sus deseos y sus motivaciones, razonables o irrazonables, pero solo las suyas. La palabra tiene mil laberintos, y solo un completo idiota puede acabar haciendo lo que otro quiere que haga por el simple hecho de que el otro tiene razón. La piedra tiene razón para querer que la dejen en paz en la montaña o en la cantera; no se mete con nadie ni hace ningún mal, pero llegan el cantero o el escultor y la cortan y la tallan ¿Y sabes por qué? Porque el cantero y el escultor saben lo que quieren y no atienden a razones.

Javier Pérez Fernandez es un joven escritor leonés, galardonado con el Premio Azorín 2006, que otorga la Diputación Provincial de Alicante en colaboración con la editoria Planeta. Cabe pensar que estamos ante una nueva promesa de la literatura española.

Saqué este libro de la Biblioteca Pública de Gines hace más de un mes, así que María Jesús o Rocío, las ayudantes de la biblioteca, aunque me reciban con su habitual sonrisa, me pondrán en la lista de los penalizados por demora en la devolución de libros.

En cualquier caso, mi agradecimiento a todas las ayudantes de bibliotecas de España, veladoras del orden establecido -bibliotecario, claro-, siempre dispuestas a atender nuestras peticiones.

sábado, 7 de abril de 2007

Mi primer post


Es sábado, pero no un sábado cualquiera. Tampoco es extraodinario porque sea Sábado Santo, con mayúsculas. Porque aunque no se sea practicante de la religión oficial, la tradición judeo cristiana de este santo pais tiene sus reglas. Si no, veáse como hasta Luis Cernuda sucumbió ante el poder de la noche de la Semana Santa sevillana. Luna de parasceve: Et in Arcadia ego. Una muestra más del peso de nuestra raiz judeocristiana.

Decía que este sábado es singular porque Pepe Amodeo, alter ego de quien está maquinando esta historia, va a publicar su primera entrada en el blog que entre ambos acaban de registrar.

Al modo de Fernando Pessoa y sus heterónimos, tanto Pepe Amodeo como yo sabemos que podemos acabar devorándonos mutuamente: al final no sabremos quién prima sobre quién y quién de los dos pulsará las teclas que hagan entendible esta aventura en formato de diario de navegación.

Hay esperanza en todo náufrago que compone su almadía, y Pepe Amodeo y yo queremos valernos de ella sólo para ver las costas desde otra dimensión, desde otra perspectiva. Esta será nuestra particular manera de ir llegando a las Ítacas, forzosos e indiscutibles destinos de todo lo vivo.

Hasta la próxima semana.